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martes, 2 de septiembre de 2025

MI PODIO DE LOS CANTAUTORES URUGUAYOS PARTE II

JAIME ROOS


La humanidad tiene momentos históricos, de ellos resaltan determinados artistas, es el caso de Alfredo Zitarrosa, al cual ya me referí en el escrito anterior, y de todos los artistas que tenían un rival tan claro para golpear, en determinado momento de nuestra historia. 

Eso hace que, a veces, no primara tanto la calidad artística, si no lo que se generaba con determinados cantores y músicos. 

En Uruguay primaba el alma, el juntarnos para darnos fuerzas, sin importar tanto el nivel técnico de las representaciones, muchas veces se cantaba porque las canciones se conocían de memoria, pero no porque se escucharan nítidamente. 

En el momento en que la dictadura estaba en pleno descenso, recién ahí, Jaime Roos apareció censurado, un año y medio, pero eso no es ni remotamente cerca, de lo que la gente recuerda de Jaime, no lo sentimos como un artista de dictadura, en parte porque él no era músico reconocido cuando se fue, por tanto no se fue expulsado, por eso, supongo, Jaime está por fuera de ese momento tan uruguayo, tan doloroso. 

La historia estaba en un momento ideal, para las cosas nuevas, cuando Jaime comenzó a brillar en el horizonte, para empezar a mirar al futuro con otros ojos, era imposible dejar lo pasado atrás, pero también era necesario, rearmar muchas cosas. 

Y la música, es ideal para eso. 

Jaime Roos ya tenía canciones como "Cometa de la Farola" (ni más ni menos), "Todo un país detrás", "Retirada", "Aquello", "Los Olímpicos", "Tu laberinto", un bonito equipo, para presentarse en la cancha, y poco a poco, fue ganándose un lugar más que interesante, en la música montevideana. Y digo montevideana porque no será hasta su gira en el 93, donde Jaime logrará sellar con todo el país el afecto para siempre, el reconocimiento y la aceptación, de artista uruguayo. 

Jaime Roos vino, pero no vino para sacarse las ganas de cantar y de hacerse famoso, no, vino para decir, aquí estoy yo, acá en Uruguay se puede sonar distinto, se puede ser profesional y a la vez, disfrutar. Quienes vimos su gira, aquí en Durazno en el estadio de fútbol, nos llamaba la atención, el movimiento sobre el escenario de todos los participantes, con entradas y salidas perfectas que iban en mejora de una visión que en el fondo, nos hacía sentir orgullosos. 

Jaime Roos tuvo la espalda ancha para detener muchas veces, espectáculos, a los que le faltaba medio punto al tercer murguista, punto y medio a la guitarra, y nos desesperábamos porque todo se había trancado, pero Jaime, con su voz muchas veces criticada, nos hablaba como un padre que enseña a su hijo, "disculpen, pero estos minutos son para mejorar lo que a ustedes les llega, porque como público, se merecen lo mejor" y entonces, pasábamos de los nervios al respeto, al cariño, el tipo estaba ahí, ya había cobrado, podía cantar como sea, pero él quería que nosotros escucháramos el platillo de la murga, al nivel de volumen que había que escucharlo. 

Es difícil en Uruguay juntar afectos, generar un ritmo nuevo de murga, ser exigentes con los propios y después, de todo eso, tener la conexión con las hadas de la inspiración para sacar un "Si me voy antes que vos" que, estoy seguro, a todos en algún momento nos sacó una lágrima. 

Pero además, Jaime Roos, ha pasado de la perfección en los escenarios, a las comidas más desafinadas que tienen como instrumento sólo una botella de plástico, algún tenedor y nada más, porque a todo uruguayo en plena sobremesa, le aflora algún

"Los Olímpicos", "Cometa de la Farola", "Amándote", "Brindis por Pierrot", "Cuando juega Uruguay", "Durazno y Convención", "Adiós Juventud" (su inexplicable por lo pegadizo "parece mentira las cosas que veo"), "Tal vez Cheché", "Los futuros murguistas", "Piropo", "Que el letrista no se olvide", "El hombre de la Calle", "Colombina", "La hermana de la coneja", "Si me voy antes que vos", y quedan afuera ese tango distinto "de la canilla" y "tu laberinto" y tantas otras más, pero estamos hablando que Jaime Roos, está en las charlas de los uruguayos con ¡quince canciones!, por lo menos, caso único seguramente en nuestro país, quién no ha dicho alguna vez, "me voy, como se han ido tantos".

Jaime no tuvo carisma, por decirlo de alguna manera, dejó que su música hablara por él, fue Montevideo y por eso le costó ser reconocido como uruguayo, pero siento, que al final, hizo bien, su música habló, su calidad sobre el escenario, sus canciones, sus detalles, lo hicieron siempre el indicado para los momentos, y él , siempre estuvo a la altura. 

Jaime estuvo cuando en el 2010 nosotros nos creímos campeones del mundo, no sólo estuvo, hizo una película con su hijo, abrió su vida hablando de las drogas, del alcoholismo, es de lo mejor que tenemos como cantautor en nuestro país, sin lugar a dudas, por lejos, es un faro imposible de imitar, y es uruguayo, quizás, ese sea el mensaje final. 

Jaime es una esperanza para el uruguayo, de que las cosas se pueden hacer bien, que si hay convicción, no importa lo establecido.

 Jaime es el triunfo del arte.

Al momento de escribir estas palabras, leo que dice que tiene nuevas canciones, pero que tiene 71 años y le llama la atención que le sigan pidiendo temas a él, y no a los muchachos de 30. 

Todo dicho. ¿Quién toma la posta?


I.S.S.

lunes, 1 de septiembre de 2025

MI PODIO DE LOS CANTAUTORES URUGUAYOS PARTE I

ALFREDO ZITARROSA 


Cantor, guapo, de presencia sublime sobre el escenario, representante de opiniones de un pueblo marginado a la fuerza, como su propia vida lo fue. Hombre que hizo de su vida un espejo de lo que decía en sus canciones, algo que en el mundo, muy pocos artistas logran.
Alfredo Zitarrosa era la contradicción del hombre serio sobre el escenario, con el jodón que también era para quienes mejor lo conocían. Aunque si recordamos el audio donde Alfredo, es traducido al inglés por una muchacha que no aguanta la risa, podríamos decir también que su comicidad no habitaba sólo bajo el escenario.
Era un hombre de carácter de carácter muy fuerte, de no haberlo tenido, no hubiera podido soportar sus viajes al exterior forzado, con su familia buscando actuaciones, buscando abrir el mundo, a su música, tan uruguaya.
Registró alrededor de 113 canciones, de las cuales una gran mayoría, se ha quedado en el corazón de todos los que lo escucharon.
Alfredo Zitarrosa está en el podio de cantautores uruguayos, porque era uno con sus palabras, las defendía arriba y abajo del escenario, sabía lo que quería, al punto de hacerle tocar milonga como si fuesen uruguayos, a guitarristas de otros países, que ni idea tenían antes de conocerlo, lo que era aquello, que dicen, Alfredo dijo una vez, que en Uruguay todo era milonga.

Zitarrosa fue el creador de Guitarra Negra, así de ancha era su espalda artística, como para despacharse con una obra de 15 minutos, y que no pasara desapercibida para nada, al contrario, en más de una ocasión, ha sido elegido como el mejor tema uruguayo de la historia.
Alfredo el que le propuso a Joni de Mello un reto de hacer una canción sobre los átomos, y después cantó esa maravillosa canción "La contradanza molecular de los átomos de la piedra mora", si, todo ese nombre, le pido ya que vaya a escucharla si no la conoce aún, una canción que vaga sobre un tema, para al final, hacer la conexión que hace falta para darle un sentido a todo. Memorable.
Alfredo el que le ganó a Los Beatles, el que les puso el freno en un país tan chiquito, que quizás haya pasado desapercibido para el mundo, pero que nos sirve a nosotros, para dimensionar a un artista, a una sociedad deseosa de lo suyo, "Milonga para una niña" marca eso, encima, milonga, todo dicho.
Sobre el escenario, cuentan aquellos que lo vieron, tenía una presencia impresionante, la frase "no volaba ni una mosca", cuando Alfredo cantaba, se ajusta perfectamente a la realidad. Tiempos donde no era fácil, cantar, convencer, gustar, y hacerse necesario para un público que necesitaba el arte para vivir, para tener esperanzas, para confiar en el otro que iba a su costado, no es nada fácil lograr eso con un lápiz, un papel, y una melodía en la cabeza. 

Por eso, para quien les escribe, Alfredo Zitarrosa está en ese podio de cantautores uruguayos. Porque hubo un antes y un después en Uruguay, porque hasta su propia vida quedó atada a lo que había expresado en sus canciones. Porque hasta su partida se sintió, se siente aún, dolorosa para todos, y porque también, al igual que con sus letras, con su despedida, dejó en evidencia, a una sociedad que había cambiado, quizás y sin saberlo fue ese, uno de los mayores aportes de la vida de Alfredo. 

Marcar con su ausencia, una sociedad que estaba siendo cambiada indefectiblemente por otras luces, por otros ritmos, por otra forma de sentir. Donde ya no importaba tanto el igual, si no la individualidad, donde reclamar derechos ya sería, casi panfletario. 

Alfredo puso a prueba sin querer a su pueblo, y su pueblo le debe aún, haber estado a la altura. 


I.S.S.

lunes, 25 de agosto de 2025

Hasta cuando yo quiera.

En las distintas sociedades, una de las particularidades de cada ser humano es, aceptar el rol que cumple como engranaje en la vida social. A veces, ese papel, ayuda a dibujarlo lo que la persona estudió, en lo que trabaja o en lo que ama hacer, más allá de las conveniencias sociales. 

Cuando se trata de trabajo convencional, las reglas están bastante claras, usted por un servicio, será abonado de una manera y obtendrá por eso, determinados beneficios. Con el paso del tiempo, si usted ejerce de forma sostenida la misma función social, será reconocido por eso y habrá cimentado su vida, en torno a ese rol, aceptado por todas las partes. 

Ahora, existe otro rol social, que las personas vamos tomando, por los cuales no se recibe ningún pago establecido, son las actividades que se hacen porque sentimos un profundo deseo de hacerlas, ya sea porque nos sentimos muy aptos o necesarios, y de tan así que nos sentimos, primero las hacemos, sin importar el rédito económico, porque muchas veces lo sabemos de antemano, no hay rédito económico para dicha actividad.
Pero no importa, ahí estamos, con la alegría que nos da realizar algo por amor, esas actividades en principio, nos conectan con nuestra esencia, porque la mayoría de las veces, hacer algo por fuera de los cánones establecidos por la sociedad, nos hace sentir que retribuimos a nuestra propia naturaleza, y eso, reconforta nuestro espíritu. 

Pues bien, imagine usted que yo salgo a caminar porque me hace bien hacer ejercicio, y empiezo, con el correr de los días, a juntar latitas de bebidas que veo tiradas en la calle. Mi actividad hasta ese punto, es muy beneficiosa para todos, a mi me hace bien para la salud, me hace sentir una buena persona y para la sociedad, mi actividad es también beneficiosa. Con el tiempo, junto tantas latitas, que empiezo a hacer cosas con esas latitas, pero, para hacer esas cosas, decido comprar algunas herramientas, y como ahora dedico parte del tiempo al pequeño taller, ya no tengo el tiempo que antes tenía, para salir a caminar. Pero no importa, mi actividad ha resonado en la ciudad, me han hecho alguna entrevista, me han felicitado por mi buen accionar, de tal manera que yo comienzo a suplir mi obra de bien desinteresada, por el nuevo rol que realizo en mis horas libres. 

Así que comienzo mis trabajos en latitas y hago ceniceros, llaveros, pulseras y, como la cantidad de latitas empezaron a crecer, porque la gente antes de tirarlas en la basura las lleva a mi casa directamente, cosa que en un principio me halagaba, pero que después empezó a incomodarme, cuando llegaba y solamente habían bolsas con latas en su interior, sin lavar, sin romper, sin aplastar, porque me sentí una especie de basurero de latas, sin que ya nadie me consultara si lo quería hacer o no. Porque en este punto, mi rol social era tan necesario y altruista que nadie reparaba en mi, solamente se detenían en sentir que hacían un bien ecológico, llevándome latas y latas a mi casa. 

Por suerte en un comienzo las ventas eran muy buenas, y lo incómodo que me dejaba el caminar menos, hacer menos ejercicios, lo compensaba un poco con la alegría que la gente me apoyaba con mis productos. 

De todas maneras en las próximas entrevistas que me hicieron, advertí sobre el sobre stock de latas que tenía en mi casa, que agradecía la ayuda, pero que en este momento tenía latas como para un año, más aún si como había empezado a pasar, la gente compraba ceniceros de vidrio, de cerámica y otros materiales, así que yo, en nombre de mi buen accionar le pedía a la gente, que comprara productos en lata, que yo necesitaba de la colaboración económica de todos ellos, para seguir con mi buen emprendimiento, aquél que se trataba básicamente de caminar para mejorar mi salud y de paso, limpiar la calle de cinco o seis latitas diarias que conseguía. 

Ahora en mi casa ya no tenía espacio, otras personas se acercaron a ayudarme, a brindarme su lugar, algunos entendieron mi impotencia ante la situación y reclamaron con aires más fuertes, y de empezó a hablar en todos lados sobre el loco compromiso de la sociedad con las latas y se dijo que si cada uno comprara un producto en lata, todo sería más llevadero, pero que la gente era mala y prefería tener algo mucho más caro tallado de vidrio en su casa, antes que un cenicero con el logo de determinadas empresas. Se agregó además, que los seres humanos eran malos, porque dejaban latas en el suelo, y que también eran malos porque en vez de hacerse cargo ellos de sus latas, se las venían a dejar a la institución (con el paso del tiempo tuve que ponerle nombre y otros detalles) que hacía tiempo no daba abasto, pero que a nadie le importaba. 

Al salir a la calle empecé a darme cuenta, que ya no era lo mismo lo que yo generaba en la gente, mi rol social había pasado de ser aquella persona que había encontrado la manera de hacer algo bueno para todos, incluido para mí, a mostrarles lo malas personas que eran por hacer algo, que antes hacían sin sentirse mal y que, a decir verdad, a nadie le cambiaba mucho porque si no pasaba yo caminando, el basurero se llevaría esas latas a otro lugar. 

Me di cuenta que en pos de hacer algo que me hacía bien, involucré otras emociones, otros sentimientos, otras personas y ya lo generado, superaba demasiado aquél rol social que tan bien me hacía. 

Me sentí mejor persona que otras y eso estaba bien, porque a veces de eso se trata, de sabernos buenos en algo por sobre los demás, nos da valor, unicidad. Ahora, también me di cuenta, que cuando yo para eso necesito remarcarle al otro lo que hace mal y lo que debería hacer, paso a ser el generador de un problema que antes no existía en la sociedad y eso, tampoco es lo que quise hacer desde un principio ¿o si?

Las actividades que se hacen ad honorem, deben ser nada más que eso, en una sociedad marcada por la retribución económica, es obvio que no voy a poder dedicarle más tiempo de mi vida a esa actividad, que a la otra que es la que me permite vivir en la sociedad. Y tengo que tener en cuenta siempre, que nadie me pidió hacer una actividad, por más noble que sea, por lo tanto, no puedo reprocharle a los demás, por actividades que ellos no hacen, que no sienten propias y que, muchas veces, por más altruista que sea la actividad, no tienen la más mínima ganas de hacerla. Y está bien, después de todo, no todo lo que yo hago es altruista, ni sanador para el medio ambiente, ni para los demás. Tengo mi regla moral y debo convivir con ella y actuar en consecuencia, si yo invierto más tiempo del deseado en alguna actividad, será responsabilidad mía, y también será mi responsabilidad, si la gente se molesta conmigo, porque yo les quiero imponer la moralidad que me lleva a enojarme, porque los demás no hacen lo que yo quiero. 

Así que, querido lector, si usted cuida los océanos, limpia los ríos, alimenta perros, gatos, quiere castrar a ambos, está en contra de la compra de guacamayos, zorzales, junta plásticos, cuida los montes, planta árboles, le quiere dar una bolsa de agua a niños africanos, quiere juntar sangre, donar órganos, y todo lo que a usted se le ocurra, sea feliz, de seguro lo va a ser, porque se va a sentir muy bien, ahora, no obligue con su regla a que los demás le den la espalda, haga lo que haga, hágalo usted a su beneficio propio (aunque no sea el económico), con su alegría, con su libertad, pero no quiera hacer sentir mal a los demás, porque en definitiva, se va a empezar a sentir mal usted y ahí, tendremos un nuevo problema donde antes, teníamos una sana solución. 


I.S.S.

MAURO ICARDI ES BRASILEÑO

Argentina es un país maravilloso, de los pocos en el mundo que tiene casi todos los climas, sólo le faltaría el caribe.  También en otros te...