Varias versiones son las que tiene el humano cuando se habla de morir.
Repasemos algunas de ellas, y
tratemos de inventar alguna, si es que no está todo inventado.
Una es que se muere sin más y ya no pasa más nada. Sencilla de entender, sin traumas para después, pero sin margen de nada para el vivo presente.
Otra es que se muere y se queda, en un plano continuo al nuestro, es decir, están un poco en contacto, ellos nos pueden ver e incluso, mandarnos algún mensaje a través de movimientos de cosas, o de intuiciones que tengamos en algún momentito. Posibilidad que es. Más esperanzadora, para los que sienten que se pueden redimir en el más allá, y también que los del más acá, les muestren el cariño, teniendo un cálido recuerdo, cuando en vida tuvieron un frío presente. Además, en esta opción, se puede pedir ayuda a un/a médium que nos permita comunicarnos directamente, maravilloso.
Sobre esta versión, hay dos, o
más versiones, una es la reencarnación, y la otra, que sólo vinimos a vivir
esta vida, con su consiguiente después.
La segunda opción, hace que la
comunicación con el más allá sea más creíble, porque si uno nace, vive y muere,
para esta versión de ser humano, es lógico que luego de dejar el cuerpo, siga
compartiendo con su familia un montón de cosas.
Pero la primera, la de la
reencarnación, hace el contexto un poco más complicado y entonces, arrancan las
preguntas. Si uno fue vaquero allá por el 1800, o japonés en el 1500, senegalés
en el 1900, francés del siglo V, y alguna otra vida más, ¿A qué vida sigue uno
estando en el más allá? ¿O es que tenemos también una vida contada por aquellos
lares? Uno fallece y puede aparecer o comunicarse con la generación siguiente,
olvídese de hablarle a un nieto, y luego que su hijo/a descarne, usted le
dejará ese lugar del limbo para él/ella. Porque si no, uno se tiene que
imaginar que el muerto aún sigue apareciendo en Francia, Senegal, Japón,
Estados Unidos, y por donde haya metido las narices.
Otra versión, dice que, además, se puede reencarnar en otros seres vivos, perros, árboles, piedras. Esta versión abre aún más las puertas a posibilidades remotas, con las cuales no quiero lidiar, o no me resulta que le agregue algo más, a las opciones antes mencionadas.
Si nos referimos a las pruebas científicas, la primera opción, es la más firme, quizás también, es la que menos magia tiene. Uno nace, porque el cuerpo se gesta en nueve meses y no entra más tiempo en ese lugar. Entonces vive, como cualquier otro ser vivo del mundo y luego, ese cuerpo agotado ya en todas sus versiones (en el mejor de los casos), desaparece y nada más.
Esta opción no es mala, nos hace
vivir el presente, cada instante o cada vida que trabajemos es única, no
significa que esté bien o mal. Es lo que es. Y nos vamos sin más, sin
recuerdos, ni nada. El tiempo, para los vivos, los amiga o no, con el/la ya partido/a.
Las otras opciones, que hablan de un más allá comunicativo, hacen que pensemos o sintamos, que no todo lo que sucede aquí es tan significativo, o que no tiene solución.
Con esta forma de sentir el mundo
cualquier cosa toma otro sentido con una comunicación. El finado puede explicar
sus malas acciones, el vivo puede pedir perdón al aire, en un cuarto, frente a
un sahumerio, o con la mano en el corazón, o todas ellas juntas.
La muerte en cuotas nos hace
sentir que elegimos esta vida, lo que vinimos a sentir, y entonces, todo se
transforma en ejercicio para un alma que nunca se nos presenta, y que suponemos
nos agradece ella y nuestras otras vidas, o momentos pasados y futuros, de
nuestra vida actual, si es que no están todas nuestras vidas y tiempos
sucediendo en este instante.
Conclusión.
La vida es un milagro, algo que
no se puede explicar, por más que la ciencia agote recursos y consiga
respuestas físicas.
Hay un montón de preguntas sin
respuesta, que es donde, se apoyan las otras versiones.
¿Por qué nuestros padres se conocieron?
¿Algo hubiera cambiado si nosotros, antes de conocer a nuestra pareja,
hubiésemos demorado un segundo más, para salir de nuestra casa?
¿Y si hubiésemos cambiado el
lugar a donde íbamos a último momento?
Cada segundo de la vida es un
milagro inexplicable, cada idea que pensamos es una puerta a un mundo distinto.
No siento que sea posible manejar todo, aunque podría ser, quizás, en otro
momento cuando se descubra algo comprobable, lo cierto es que hoy, si bien
podemos cambiar cómo sentimos cada momento de nuestras vidas, hay mucho de azar
y entonces, asumiendo que muchas cosas que nos sucedan van a ser inesperadas,
lo mejor es abrir la puerta a todo, adaptarse, fluir, porque la mayoría de lo
que pasa en el día, no tenemos idea, y si la tenemos, es porque estamos
cerrados a muchas cosas.
La vida es una fiesta sin reglas
y nosotros los invitados, que venimos a ser parte, a jugar en el río, a soñar,
a disfrutar sabores, colores, a enamorarnos de miradas, a emocionarnos con
historias, voces, y lo que se nos ofrezca.
Somos parte de un lugar muy
particular, estés donde estés leyendo estas palabras, creo que lo único que
podemos hacer, y está a nuestro alcance, es vivir, reír y llorar con la misma
pasión, no pensar que existe alguien por sobre nosotros a quién hay que agradecer,
nosotros estamos acá, somos carne, hueso y emociones, lo otro, que aparezca si
es que exista, mientras nada de lo demás sea comprobable, lo mejor es lo que
tenemos, y así está muy bien.
Ignacio Sallaberry Silveira
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