¿Y de colonia cómo andamos?
De los países de América del Sur, sin dudas, el más colonizado es Uruguay, país creado por intereses económicos europeos de la época, país que no reconoce lenguaje previo, de hecho, Uruguay es el único país en América Latina, que no tiene lenguas nativas reconocidas como oficiales. En pocas palabras, la colonización fue total, el vaciamiento de lo que en estas tierras pasó, antes del desembarco español y portugués, fue total.
Quizás mal estamos en decir por estos lados, colonización, pese a que nuestra ciudad lleva con cierto orgullo, en la plaza independencia (y mira que ironía mi vida), uno de los pocos reconocimientos en monumentos a Cristóbal Colón. Y digo que mal estamos porque Colón no llegó a nuestras tierras, sino que llegó al Caribe, a nuestras tierras, según cuenta la historia oficial, llegó Solís veintiocho años más tarde, sin embargo Colón llegó a un lugar, Guanahaní (recomiendo escuchar a Ricardo Arjona y su canción mujer de Guanahaní), donde la población nativa sigue teniendo aún hoy, su lengua, sus costumbres, su vida, quiero decir, achacarle a Cristóbal, el vaciamiento cultural que vino muchos años después, es un poco injusto. Así como injusto es, dedicarle un monumento en agradecimiento por haber hecho ese viaje que nos trajo la luz del nuevo mundo, porque esta tierra, igual a cualquier otra en el mundo, según parece, o nos contaron en la escuela, necesitaba de ese descubrimiento, porque acá, todo estaba perdido.
Por eso San Cristóbal nos dio la luz, aunque no pisara nunca estas tierras, así de potente era su linterna de descubridor, por eso a partir de esos tiempos, los que han pisado este suelo, no han tenido memoria, nadie les ha dicho lo que antes se hacía, y si aparecía alguien, lo correteaban, o mataban. Porque acá no habían grandes selvas ni montañas para refugiarse del ataque europeo, entonces, más allá de alguna anécdota o mestizaje, todo se perdió. Pero lo peor no fue eso, no fue esa pérdida lo que más nos identifica, lo peor es ese algo que nace con todos, y si no nace nos lo enseñan en la escuela, llamado colonización. Es injusto meterlo a don Cristóbal en esto, porque de verdad que ni colonización ni colonia vienen de su apellido, eso no es más que una coincidencia, pero su viaje generó, a miles de kilómetros, en un pueblo que aún no nacía, la mayor colonización de América Latina.
Somos el único país que no tiene como lengua oficial, alguna lengua nativa, somos los que despreciamos la historia previa a la llegada del europeo, somos los que no valoramos las vidas que antes existieron, los que no le damos importancia a los conocimientos y las vidas que se fueron entre correteadas y asesinatos (más allá de algún, cada vez menor, reproche recordando Salsipuedes). Acá sólo pensamos en Charrúas vagos, porfiados quizás, fuertes por la época que les tocó vivir pero nada más, la mayoría no sabemos que además de Charrúas, habían otros tantos pobladores, pero generalizamos con Charrúas y básicamente cuando hablamos de fútbol y nada más. Quien diga que acá se conoce el pasado, que vaya a cualquier otro país de América y hable de pasado, antes de decir algo de lo que pasa por acá.
La historia nunca es gratis, rectifico, el relato de la historia nunca es gratis, y por estos lares sólo escuchamos una historia, la otra, no pudo sobrevivir, y además, está tapada tras años y años de versiones que la dejan mal parada, o directamente, no la dejan.
Será por eso quizás, que aceptamos tantas cosas de afuera, porque en realidad, nos parecen nuestras, y no lo hacemos como un acto de valoración ante lo nuestro, sino simplemente, creemos que eso es lo nuestro, o nos gustaría que fuera.
Nuestro colonialismo es a prueba de toda fuerza, y existe hasta en las situaciones más pequeñas. Somos colonialistas con Argentina, lo que ellos aplauden nosotros aplaudimos, incluso si ellos aplauden a uruguayos, que nosotros antes denostamos. Pero aún vamos más allá, somos colonialistas con nuestros propios vecinos, aplaudimos más lo que viene de otro departamento que lo nuestro, y está bien, somos coherentes con esa firme emoción que lo mejor del mundo está afuera. Siento que nada nos quitará esa sensación, porque nuestro adn carga con imágenes europeas y el adn que carga con algo de acá, está lleno de vergüenza, se tiene que esconder, o por violación, maltrato, o simplemente porque tiene que agradecer que lo dejaron vivir. No tenemos orgullo por lo nuestro, o si, pero resulta que lo nuestro, para nuestros cuerpos cargados de historia, está allá, pertenece a tierras que algunos, nunca han tocado ni tocarán, por eso estamos siempre esperando por el afuera. Más que nadie nosotros, que venimos, por ende que somos, gente que inició estas tierras vacías, borrando orgullosamente la sangre y la magia que existía, para escribir desde cero, basados en la añoranza de una tierra que no les daba nada, pero se había quedado con su corazón.
I. S. S.
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