jueves, 28 de agosto de 2025

LA Argentina LAS sabe lunga.

Cuando hace un tiempo en Argentina se eligió un presidente con notorias características particulares, quiero decir, a todas luces se podía predecir que ese hombre, era fácil de salirse de sus cabales, si es que los tenía. Se dio, por parte de la población un mensaje claro, o nos hundimos todos, o nos salva un loco. 

Argentina, para quien escribe, es un país maravilloso, no sólo por lo que siempre se dice de sus paisajes, un territorio que tiene selva, hielo, desierto, salitre, todo lo que usted pida, si no además, para mí, su maravilla principal radica en su gente.
El argentino es un ser que se distingue donde sea, llama la atención, va para adelante, pecha, choca, apoya a los suyos hasta el hartazgo de los demás, sea en el plano que sea, hay un orgullo en el ser argentino, difícilmente encontrado en otro lugar, menos si lo comparamos con lo que estamos acostumbrados a ver todos los días por acá.
El argentino al lado del uruguayo brilla, lleva la batuta, muchas veces tropieza, se cae, se lastima, grita, llora y festeja al mismo tiempo, nosotros como uruguayos, los miramos y esperamos a que pisen en falso, para marcar nuestras diferencias, para quedar como los serios y responsables, ante ellos que, parecen unos niños llenos de ímpetu y nada más. 

¡Argentina tuvo cinco presidentes en once días! Después que uno se había ido volando por el techo, en un ambiente casi bélico, eso no lo hace quien quiere, si no quien puede. El argentino denuncia todo, se embandera, en lo que sea, peronismo, radicalismo, Maradona, Messi, Colapinto, científicos por el mundo, lo que sea. El argentino roba, y se enorgullece, si lo hace bien, el argentino es también el más honesto del mundo, y quizás, no se siente tan bien, porque en Argentina nunca existe la justicia, nunca están conformes, siempre buscan algo más. No tienen paz.
Acá en Uruguay, en nombre de la paz, estamos por quedar ciegos de no usar los ojos por mirar siempre para los costados y tocando el techo, por barrer bajo la alfombra.
Pero volvamos a los deslumbrantes argentinos y sus elecciones. 

Cuando hace un tiempo ellos eligieron a su presidente actual, ante una demacrada fuerza opositora, ante una alarmante carencia de motivación en el sistema político, que es ni más ni menos, no creer en que ninguno de ellos pueda hacer las cosas correctas, eligieron a una persona absolutamente particular, alguien que ellos sabían, podía tirar todo de una manera estrepitosa para que no quede nada, o hacer lo que ellos piensan que se puede lograr, la perfección de un país que los lleve a ser lo que ellos sienten que son, los mejores del mundo.
Las pruebas de que lo elegido, no iba a estar a la buena altura de sus expectativas, llegaron pronto, primero con los jubilados, después con sueldos, hasta que aparecieron mensajes que confirmaban lo más temido por ellos, lo que más han aprendido a odiar, la corrupción.
Apareció por mensajes de texto, aparecieron los porcentajes, y se empieza a transitar, por el camino que ya se avizora.
La última chance de que Argentina se convierta en lo que los argentinos quieren, se empieza a esfumar, el último manotón de ahogado ya fue dado, ahora, es empezar de cero, sin esperanzas, sin creer en nadie, sólo pidiendo resultados, sin fanatismos, sin buscar héroes.
La Argentina es un país con gente más hermosa que sus paisajes, yo los admiro, no tienen vergüenza de vivir, de llevar las banderas, de creer que son los mejores y de esa manera, muchas veces lo logran, ellos se sienten distintos, ellos van varios pasos más adelante que muchos países, ojalá en su adelanto marquen el camino para los que los miramos y copiamos. Ellos acaban de llegar al punto donde el fanatismo está derrotado, dónde la esperanza en un súper hombre presidente se desvanece inexorablemente.
Ahora es tiempo de mirarlos y aprender, aunque siento, que lo que podamos ver de ellos, no lo vamos a poder aplicar, nos falta mucha rebeldía por estos lados, acá roban igual que allá, pero hay menos para robar, acá nos maltratan igual que allá, pero estamos más domesticados, acá las banderas políticas ya no existen, igual que allá, pero nosotros seguimos dividiendo en colores. 

Acá, no vamos a poder hacer lo que ellos logren, pero al menos, para los que queremos un cambio, se nos prenderá la llama de la esperanza, no vaya a ser cosa que algún día...


I.S.S.

lunes, 25 de agosto de 2025

Hasta cuando yo quiera.

En las distintas sociedades, una de las particularidades de cada ser humano es, aceptar el rol que cumple como engranaje en la vida social. A veces, ese papel, ayuda a dibujarlo lo que la persona estudió, en lo que trabaja o en lo que ama hacer, más allá de las conveniencias sociales. 

Cuando se trata de trabajo convencional, las reglas están bastante claras, usted por un servicio, será abonado de una manera y obtendrá por eso, determinados beneficios. Con el paso del tiempo, si usted ejerce de forma sostenida la misma función social, será reconocido por eso y habrá cimentado su vida, en torno a ese rol, aceptado por todas las partes. 

Ahora, existe otro rol social, que las personas vamos tomando, por los cuales no se recibe ningún pago establecido, son las actividades que se hacen porque sentimos un profundo deseo de hacerlas, ya sea porque nos sentimos muy aptos o necesarios, y de tan así que nos sentimos, primero las hacemos, sin importar el rédito económico, porque muchas veces lo sabemos de antemano, no hay rédito económico para dicha actividad.
Pero no importa, ahí estamos, con la alegría que nos da realizar algo por amor, esas actividades en principio, nos conectan con nuestra esencia, porque la mayoría de las veces, hacer algo por fuera de los cánones establecidos por la sociedad, nos hace sentir que retribuimos a nuestra propia naturaleza, y eso, reconforta nuestro espíritu. 

Pues bien, imagine usted que yo salgo a caminar porque me hace bien hacer ejercicio, y empiezo, con el correr de los días, a juntar latitas de bebidas que veo tiradas en la calle. Mi actividad hasta ese punto, es muy beneficiosa para todos, a mi me hace bien para la salud, me hace sentir una buena persona y para la sociedad, mi actividad es también beneficiosa. Con el tiempo, junto tantas latitas, que empiezo a hacer cosas con esas latitas, pero, para hacer esas cosas, decido comprar algunas herramientas, y como ahora dedico parte del tiempo al pequeño taller, ya no tengo el tiempo que antes tenía, para salir a caminar. Pero no importa, mi actividad ha resonado en la ciudad, me han hecho alguna entrevista, me han felicitado por mi buen accionar, de tal manera que yo comienzo a suplir mi obra de bien desinteresada, por el nuevo rol que realizo en mis horas libres. 

Así que comienzo mis trabajos en latitas y hago ceniceros, llaveros, pulseras y, como la cantidad de latitas empezaron a crecer, porque la gente antes de tirarlas en la basura las lleva a mi casa directamente, cosa que en un principio me halagaba, pero que después empezó a incomodarme, cuando llegaba y solamente habían bolsas con latas en su interior, sin lavar, sin romper, sin aplastar, porque me sentí una especie de basurero de latas, sin que ya nadie me consultara si lo quería hacer o no. Porque en este punto, mi rol social era tan necesario y altruista que nadie reparaba en mi, solamente se detenían en sentir que hacían un bien ecológico, llevándome latas y latas a mi casa. 

Por suerte en un comienzo las ventas eran muy buenas, y lo incómodo que me dejaba el caminar menos, hacer menos ejercicios, lo compensaba un poco con la alegría que la gente me apoyaba con mis productos. 

De todas maneras en las próximas entrevistas que me hicieron, advertí sobre el sobre stock de latas que tenía en mi casa, que agradecía la ayuda, pero que en este momento tenía latas como para un año, más aún si como había empezado a pasar, la gente compraba ceniceros de vidrio, de cerámica y otros materiales, así que yo, en nombre de mi buen accionar le pedía a la gente, que comprara productos en lata, que yo necesitaba de la colaboración económica de todos ellos, para seguir con mi buen emprendimiento, aquél que se trataba básicamente de caminar para mejorar mi salud y de paso, limpiar la calle de cinco o seis latitas diarias que conseguía. 

Ahora en mi casa ya no tenía espacio, otras personas se acercaron a ayudarme, a brindarme su lugar, algunos entendieron mi impotencia ante la situación y reclamaron con aires más fuertes, y de empezó a hablar en todos lados sobre el loco compromiso de la sociedad con las latas y se dijo que si cada uno comprara un producto en lata, todo sería más llevadero, pero que la gente era mala y prefería tener algo mucho más caro tallado de vidrio en su casa, antes que un cenicero con el logo de determinadas empresas. Se agregó además, que los seres humanos eran malos, porque dejaban latas en el suelo, y que también eran malos porque en vez de hacerse cargo ellos de sus latas, se las venían a dejar a la institución (con el paso del tiempo tuve que ponerle nombre y otros detalles) que hacía tiempo no daba abasto, pero que a nadie le importaba. 

Al salir a la calle empecé a darme cuenta, que ya no era lo mismo lo que yo generaba en la gente, mi rol social había pasado de ser aquella persona que había encontrado la manera de hacer algo bueno para todos, incluido para mí, a mostrarles lo malas personas que eran por hacer algo, que antes hacían sin sentirse mal y que, a decir verdad, a nadie le cambiaba mucho porque si no pasaba yo caminando, el basurero se llevaría esas latas a otro lugar. 

Me di cuenta que en pos de hacer algo que me hacía bien, involucré otras emociones, otros sentimientos, otras personas y ya lo generado, superaba demasiado aquél rol social que tan bien me hacía. 

Me sentí mejor persona que otras y eso estaba bien, porque a veces de eso se trata, de sabernos buenos en algo por sobre los demás, nos da valor, unicidad. Ahora, también me di cuenta, que cuando yo para eso necesito remarcarle al otro lo que hace mal y lo que debería hacer, paso a ser el generador de un problema que antes no existía en la sociedad y eso, tampoco es lo que quise hacer desde un principio ¿o si?

Las actividades que se hacen ad honorem, deben ser nada más que eso, en una sociedad marcada por la retribución económica, es obvio que no voy a poder dedicarle más tiempo de mi vida a esa actividad, que a la otra que es la que me permite vivir en la sociedad. Y tengo que tener en cuenta siempre, que nadie me pidió hacer una actividad, por más noble que sea, por lo tanto, no puedo reprocharle a los demás, por actividades que ellos no hacen, que no sienten propias y que, muchas veces, por más altruista que sea la actividad, no tienen la más mínima ganas de hacerla. Y está bien, después de todo, no todo lo que yo hago es altruista, ni sanador para el medio ambiente, ni para los demás. Tengo mi regla moral y debo convivir con ella y actuar en consecuencia, si yo invierto más tiempo del deseado en alguna actividad, será responsabilidad mía, y también será mi responsabilidad, si la gente se molesta conmigo, porque yo les quiero imponer la moralidad que me lleva a enojarme, porque los demás no hacen lo que yo quiero. 

Así que, querido lector, si usted cuida los océanos, limpia los ríos, alimenta perros, gatos, quiere castrar a ambos, está en contra de la compra de guacamayos, zorzales, junta plásticos, cuida los montes, planta árboles, le quiere dar una bolsa de agua a niños africanos, quiere juntar sangre, donar órganos, y todo lo que a usted se le ocurra, sea feliz, de seguro lo va a ser, porque se va a sentir muy bien, ahora, no obligue con su regla a que los demás le den la espalda, haga lo que haga, hágalo usted a su beneficio propio (aunque no sea el económico), con su alegría, con su libertad, pero no quiera hacer sentir mal a los demás, porque en definitiva, se va a empezar a sentir mal usted y ahí, tendremos un nuevo problema donde antes, teníamos una sana solución. 


I.S.S.

domingo, 24 de agosto de 2025

En un planeta del Principito

Como si de un planeta del principito se tratara, donde todo el mundo era habitado por una sola persona. Siento que, con el paso del tiempo, vamos irremediablemente a ese lugar.

La historia de la humanidad contará que el Hombre, pasó de vivir en la intemperie, en las cavernas, luego en casas de piedras, madera, hierro, a vivir en cómodos hogares manejados desde un celular, para cuando él vaya a ingresar, la temperatura del lugar, esté acorde a sus gustos. 

Dirá también que en un principio, no era una cuestión de gustos, si no de vida o muerte, compartir con sus iguales una caminata por el campo, o pasar las noches dentro de una caverna. 

Deducimos desde los primeros tiempos, que el humano es, entonces, un ser sociable ¿o no?

Ya dijimos que las primeras sociedades se forman ante la necesidad de sobrevivir, y que hoy en día, eso no es tan necesario, si de vida o muerte hablamos, aunque si es necesario si queremos tener determinados servicios que hoy las sociedades brindan a las grandes masas, que no se brindan en pequeños poblados, mucho menos, en lugares donde hay sólo una familia. 

Ahora bien, ¿Por qué hoy la sociedad tiende a la individualidad y no a seguir juntos? ¿Qué ventajas traía antes la conglomeración que hoy ya no es tan necesaria? 

Hoy el individuo puede, conexión mediante, vivir solo, tiene sus tiempos, sus charlas o sus investigaciones al alcance de su antena, ya no necesita soportar algo que no le gusta, a alguien que no le cae bien. Hoy, los seres humanos, pueden elegirse a ellos y nada más, y hasta es preferible la muerte en solitario y sin ayuda, en una sociedad de la cual se siente cada vez más lejos. 

Por eso entiendo que lo que antes leíamos, en el cuento del principito, y nos parecía llamativo, hoy se ha transformado en una realidad, cada ser humano en su mundo, mirando una rosa, leyendo un texto, escuchando hasta el hartazgo la misma canción, hacer lo que quiera sin pedir aprobación. Lógico, ese mundo tan perfecto, necesita aún, sus ajustes, porque este lugar funciona con reglas, más arraigadas a la sociedad donde la gente compartía sus cosas.

Los cambios en la sociedad, han atentado contra el humano en la vida real, el Hombre dominó al resto de los seres vivos, dado ya ese paso, usó sus energías en crear un mundo paralelo al mundo real.

Ahora, ese mundo paralelo se puede caer, no es lo suficientemente fuerte para soportar fallas de energía, por ejemplo, y si hay que volver al mundo al natural, creo, sólo es una percepción, que este humano, que se olvidó de plantar, de cosechar, de comer por hambre y no por moda, que hoy no podría enfrentarse ni a una vaca enojada, porque se ha dedicado a luchar contra él mismo, con armas que ya no podría crear sin tanta tecnología, sin dudas, ese Hombre, perdería su lugar en el mundo que, básicamente, ha seguido igual, necesitando al ser humano, como ser humano, siendo parte de la cadena y no, el que se sale y se va a su mundo, conectado con un mundo inexistente. 

Este ser humano dejó un vacío en la vida de todos, pasó de hablar a no hablar, de defenderse juntos ante otros peligros, a atacarse entre ellos. Antes era más fácil, todos eran iguales, tenían lo mismo, hoy, pasan vecinos en una moto haciendo mucho más ruido que el tren, y pasa diez, quince, cien veces al día. Antes, era más fácil congeniar, no sólo porque mi mundo era el otro de una forma muy clara, si no porque el otro no terminaba atacando a los demás, mientras compartía su momento de salida por ejemplo. 

Es lógica pura que cada ser humano quiera estar en su planeta, quizás algún día venga algún principito a visitarnos, a asombrarse de nuestras vidas en soledad, mientras ocho mil millones de personas a nuestro lado, comparten más o menos las mismas cosas. 

Antes se sabía, que algo más o menos erguido, apoyado en dos extremidades, con otras dos que llegan a la cintura, más una esfera arriba con dos cosas blancas que se mueven para un lado y para otro, era un igual, y no se precisaba más. 

Hoy, todo nos diferencia de nuestros iguales, la piel, los ojos, lo que nos estiramos, lo que nos dejamos, lo que nos teñimos, lo que nos pintamos, si es que nos pintamos, lo que se hizo/dijo o se dejó de hacer/decir, todo, todo nos hace diferentes de nuestros iguales. 

Por eso, el ser humano, como especie en este mundo, me parece que tiene, los días contados. 


I.S.S.

lunes, 18 de agosto de 2025

LA PREGUNTA SIN RESPUESTA.

En 2019, hace 6 años, comenzó a rearmarse la vía férrea en Durazno, hace casi dos años, el tren está funcionando . Todo el proyecto lleva quizás, más de diez años, entre estudio, aprobación y demás detalles. 

Hace dos semanas una mujer, parece que, en un momento de distracción, se cruzó mientras el tren pasaba por la ciudad. Falleció en el momento.
Dentro de ese plazo de decisiones en el armado del traslado de UPM, se resolvió que, en su paso por Durazno, sólo se hiciera un paso por puente, y los otros se mantuvieran como cruces normales, es decir, la famosa media barrera que baja unos minutos antes que el tren pase a pura bocina.
En una ciudad como Durazno, eso puede traer varias complicaciones, entre ellas, la que ha sucedido hace unos días, es que el tren tiene 8 cruces, desde Santa Bernardina, hasta dejar Durazno, el detalle es que, la ciudad no es tan grande para tantos cruces, y serían nueve, pero a uno lo hicieron puente, el pasaje de la vía del tren antiguamente quizás, rodeaba Durazno, hoy, la atraviesa. 

Apunto a que todas las decisiones tomadas en algún momento, marcan momentos a futuro, quedará la duda, si el tren no pasara de esa manera por Durazno, la señora hubiera fallecido, quiero decir, si eso estaba en su destino, o si, su destino se modificó en el momento que se decidió que el tren pasara a media barrera por la ciudad, y no se hubieran hecho cruces con puentes o, como alguna vez se manejó, rodear la ciudad. Dejo por fuera al que se cruza delante del tren para cumplir otro objetivo, esa persona si está decidida, lograría su objetivo de otra manera, aunque el nuevo tren, sea una nueva solución más a mano. 

Este texto no busca certezas, sólo preguntas que no tienen respuestas. Si está claro, que la certeza que se tiene, es que toda acción, deja una huella.
Vaya novedad, dirá usted, pues bien, es cierto que es una obviedad, pero a veces, siento que no somos conscientes como sociedad de esas obviedades, porque esa muerte se pudo haber evitado, si se hacía un pasaje de un tren por la mitad de una ciudad, como corresponde, o no. También se resolvió que muchísima gente, al pasar por Durazno, se despierte a las cinco de la mañana, que es cuando uno de los trenes pasa a todo ruido, sumado a la bocina del cruza vías, que más de una vez, ha quedado encendida sin apagarse, aún después que el tren pasó. 

Quizás Durazno, o los uruguayos, estábamos desacostumbrados a los trenes, también por otras decisiones con sus propias huellas, todo puede ser, porque no todos los cruza vías en otros países serán en puentes. La pregunta quedará sin respuesta, lo que si siempre me deja pensando, es que cuando alguien decidió, que la nueva vía siguiera pasando por el medio de la ciudad de Durazno, la vida de esa señora quedó resuelta y, a partir de ese momento, era cuestión de esperar, el justo paso del tiempo.
O no.


I.S.S.

MAURO ICARDI ES BRASILEÑO

Argentina es un país maravilloso, de los pocos en el mundo que tiene casi todos los climas, sólo le faltaría el caribe.  También en otros te...