sábado, 25 de julio de 2026

MAURO ICARDI ES BRASILEÑO

Argentina es un país maravilloso, de los pocos en el mundo que tiene casi todos los climas, sólo le faltaría el caribe. 

También en otros temas tiene todo, y lo sabe expresar muy bien. 

Desde la literatura, encabezada por Borges, hasta el deporte, encabezado por el cabezón Ruggeri (?), en ese abanico también están los pensadores como Alejandro Dolina (hombre de radio, hombre que es la radio, filósofos como Korn, Feinmann, o más acá aún, Darío (ni de joda escribo el apellido), y así, Argentina llena todos los casilleros con excelencia. 

Quizás renguea un poco en los políticos, sin duda encabezados por Perón, que es de derecha, de izquierda, abierto para casarse con alguien que no era de alcurnia (por así decirlo) y también para negociar con otros, que tampoco eran de mucha alcurnia, pero moral. 

También, dentro de sus brillantes aristas, se encuentra el humor, esa forma tan distinta de ver y decir las cosas, para que mejoren con una sonrisa, la vida de los demás. Ahí encontramos a mi gusto, de lo mejor en el mundo, si de fútbol habláramos, seguramente habrían sido campeones varios mundiales seguidos, Les Luthiers, pero tampoco se queda atrás Tato Botes, ni Pinti, y tanto más. 

Argentina es excelente, en tierras, en expresiones artísticas, en todo, tiene a alguien rozando el cenit del mundo, o superándolo. Y hay dos palabras ahí que hacen una diferencia, en todo... 

Nosotros como uruguayos estamos empalagados de argentinos, los vemos en la televisión, los tenemos cerca para algoritmos de YouTube, entonces, conocemos su historia... y sus integrantes. 

Pasaron unos años, los famosos 90, donde La Argentina (así le dicen ellos, vaya uno a saber porqué) era casi el centro del mundo, o si no era así, perteneció a la élite mundial seguro. 

Pero la historia, le tenía reservada para ese momento, un montón de expresiones que no eran lo más representativo de un país tan rico en tantas cosas. En los 90 con la televisión en auge, surge una persona que, marcó el rumbo de un país, incluso hasta manejando la política, entre grandes carcajadas claro está. 

Es como si, Argentina, cansada de ser el faro de muchísimas cosas buenas, dijera un buen día, pero miren que también somos esto, entonces, como si de las últimas cosas de la caja de Pandora se tratara, se empezó a mostrar descaradamente, llena de bajezas, idolatrando cualquier persona (pero cualquier persona en serio) que se jactara de no tener idea de nada, pero ser lindo, linda, trans, fans, y entonces, el mundo cambió. No sólo se mostraba lo peor de una sociedad, si no que ese lado oscuro se burlaba y no dejaba que si quiera apareciera, el lado más lindo del país.


Dale poder a alguien, para saber realmente cómo es.

El tiempo nos mostró lo que intuíamos, no existe un lugar donde sólo estén los mejores, sin estar presentes también, los que hagan contrapeso a esa balanza. 

Sobre finales de los 90, todo se cayó, pero esa sociedad ya se había mostrado demasiado, y a partir de ahí, ganaron los que no tenían idea, qué hacían ahí. Ah, una aclaración importante, todo esto tuvo el epicentro en la capital, en Buenos Aires, donde vive alguien que todo el mundo identifica, repele, quiere, admira, y no soporta... El Porteño


¡Ay ese puerto!

Mundialmente, hay una alerta social, que se activa cuando se escucha la palabra porteño. Enseguida las alarmas en rojo comienzan a gritar para adentro, ojo, peligro, este te va a cagar, sobrador en frente, mentiroso, mentiroso, mentiroso.

Se lo conoce como una persona, que tiene su propio país, el porteño, ha logrado separarse, ser vivo, o mostrarse como tal, aunque su país esté hundido en economías y políticos tan inconexos con la gente, como con la realidad. El porteño vaga en un limbo, se jacta de su vagancia, de su viveza, de sólo conocer la calle, de denigrar el estudio, de ser más vivos que el resto del mundo. El porteño no es Argentina, pero Argentina no castiga al porteño, se le suma, lo pone en un pedestal, aunque mire para un costado, ya sabe que es parte de su ADN, aunque sólo sea un porcentaje muy menor, porque no, el porteño tampoco es Buenos Aires, es sólo una partecita muy chica, pero es justo la partecita, que siempre existió, pero que en los 90 encontró su nicho en la televisión, y la retroalimentación fue un golpe feroz a la sociedad argentina, que la hizo tambalear hasta casi caer, o cayendo alguna vez, mucho ha costado levantarse, pero aún, como pidiendo un descanso, Argentina, está abrazado al porteño. 

Esta introducción para presentar el título, es necesaria, porque vamos a hacer referencia a esos 90 cruciales, en la historia de un país tan querido (?), admirado (?), odiado (?), por todos. 


El paraíso de la joda 

Al decir esa frase pareciera, que uno se refiere a la política, y no es sólo por la política, Argentina, hace un culto de tomarse todo para la joda, como si de un acto continuo y orgulloso de escapismo se tratara.

Argentina, el pais donde las divas hacen gala de haber llegado a la cima, sin más mérito que teniendo sexo, con hombres, mujeres, y lo que venga, y se las aplaude, el lugar donde un presidente filma a una amante, a la que le paga sus buenos pesos suponemos, en el sillón presidencial con algún papel del gobierno en la vuelta, el país donde hay gente que se ha hecho famosa, y a sido seguido como ejemplo, por haberse cambiado la sexualidad, aunque cuando hablen parezcan, que más que cambio de sexualidad, se hicieron extracción de cerebro. 

Por eso me resulta importante destacar a Mauro Icardi, como una pieza extraña de todo este puzzle, como la pieza que vino de más en el juego, y no encaja. 

Y no me refiero a Mauro porque sea contrario a los valores porteños, no, todo lo contrario. Icardi le habló a la novia de su amigo, la hizo su pareja, fue un jugador exitoso, de los mejores 9 que tuvo Argentina en su momento, aunque no fue citado a la selección, con la asiduidad que debió haber sido citado. 

Icardi es porteño, y al argentino le encanta el porteño, Argentina, la que idolatró a Tinelli, se peleó por políticos que la han (y parecen seguir) vaciado, la que idolatró a Susana Giménez (que preguntaba si el dinosaurio estaba vivo, dentro de otras cosas iguales o peores), y toda una pléyade de personajes, que se rieron de las buenas acciones, que trataron de aburrido, todo aquello que no fuera risa cada dos minutos. Argentina, que ha sido más que beneplácita con las mismas situaciones de Icardi, pero con otros, con Icardi no. 

Mauro Icardi, que quizás, no dijo que no a los embates de una mujer que, sólo fue conocida por una filmación casera xxx, nada más, no era ingeniera, politóloga, ama de casa, estudiante avanzada, actriz, pintora, lo que se le ocurra, nada, sólo se dio a conocer por haber practicado sexo oral en un video de mala calidad. 

Ahora, para que vean cómo están las cosas, Wanda tiene su programa de televisión, anda sobre millones que le ha permitido cobrar, haber sido madre de hijos de millonarios, pero con ella nadie se la agarró, al que no citaron a la selección fue a Icardi, al que no quieren es a Mauro, en un país donde se quiere a todo aquél que representa lo peor de la sociedad, el asombro, sólo a lo que hizo el tipo, mientras idolatran a otros/as, que han hecho cosas iguales, o infinitamente más cuestionables, es muy raro.
Se ve como que, entregamos éste como forma de pago, para liberar todas nuestras culpas, va éste como chivo expiatorio, para que vean que los argenteños, tenemos moral. 

Ante esta actitud, sólo me parece acertado concluir, que Icardi no es argentino, es más, debe ser parte de su rival, si, Icardi debe ser Brasileño, ellos deben de haber encontrado alguna partida de nacimiento, que ni el propio Mauro sabe, el tema es que, como buenos porteños, se la van a mosquetear. 


P.D. Las generalizaciones no son buenas, decían los que estaban contra los milicos, y tenían razón. Argentina, es mucho más, y mis amigos y los amigos suyos, quizás, no son parte, pero en parte si. Y no está mal, nosotros también lo somos. 


Ignacio Sallaberry Silveira

domingo, 19 de julio de 2026

HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE (¿?)

Varias versiones son las que tiene el humano cuando se habla de morir.

Repasemos algunas de ellas, y tratemos de inventar alguna, si es que no está todo inventado.

Una es que se muere sin más y ya no pasa más nada. Sencilla de entender, sin traumas para después, pero sin margen de nada para el vivo presente.

Otra es que se muere y se queda, en un plano continuo al nuestro, es decir, están un poco en contacto, ellos nos pueden ver e incluso, mandarnos algún mensaje a través de movimientos de cosas, o de intuiciones que tengamos en algún momentito. Posibilidad que es. Más esperanzadora, para los que sienten que se pueden redimir en el más allá, y también que los del más acá, les muestren el cariño, teniendo un cálido recuerdo, cuando en vida tuvieron un frío presente. Además, en esta opción, se puede pedir ayuda a un/a médium que nos permita comunicarnos directamente, maravilloso.

Sobre esta versión, hay dos, o más versiones, una es la reencarnación, y la otra, que sólo vinimos a vivir esta vida, con su consiguiente después.

La segunda opción, hace que la comunicación con el más allá sea más creíble, porque si uno nace, vive y muere, para esta versión de ser humano, es lógico que luego de dejar el cuerpo, siga compartiendo con su familia un montón de cosas.

Pero la primera, la de la reencarnación, hace el contexto un poco más complicado y entonces, arrancan las preguntas. Si uno fue vaquero allá por el 1800, o japonés en el 1500, senegalés en el 1900, francés del siglo V, y alguna otra vida más, ¿A qué vida sigue uno estando en el más allá? ¿O es que tenemos también una vida contada por aquellos lares? Uno fallece y puede aparecer o comunicarse con la generación siguiente, olvídese de hablarle a un nieto, y luego que su hijo/a descarne, usted le dejará ese lugar del limbo para él/ella. Porque si no, uno se tiene que imaginar que el muerto aún sigue apareciendo en Francia, Senegal, Japón, Estados Unidos, y por donde haya metido las narices.

Otra versión, dice que, además, se puede reencarnar en otros seres vivos, perros, árboles, piedras. Esta versión abre aún más las puertas a posibilidades remotas, con las cuales no quiero lidiar, o no me resulta que le agregue algo más, a las opciones antes mencionadas.

Si nos referimos a las pruebas científicas, la primera opción, es la más firme, quizás también, es la que menos magia tiene. Uno nace, porque el cuerpo se gesta en nueve meses y no entra más tiempo en ese lugar. Entonces vive, como cualquier otro ser vivo del mundo y luego, ese cuerpo agotado ya en todas sus versiones (en el mejor de los casos), desaparece y nada más.

Esta opción no es mala, nos hace vivir el presente, cada instante o cada vida que trabajemos es única, no significa que esté bien o mal. Es lo que es. Y nos vamos sin más, sin recuerdos, ni nada. El tiempo, para los vivos, los amiga o no, con el/la ya partido/a.

Las otras opciones, que hablan de un más allá comunicativo, hacen que pensemos o sintamos, que no todo lo que sucede aquí es tan significativo, o que no tiene solución.

Con esta forma de sentir el mundo cualquier cosa toma otro sentido con una comunicación. El finado puede explicar sus malas acciones, el vivo puede pedir perdón al aire, en un cuarto, frente a un sahumerio, o con la mano en el corazón, o todas ellas juntas.

La muerte en cuotas nos hace sentir que elegimos esta vida, lo que vinimos a sentir, y entonces, todo se transforma en ejercicio para un alma que nunca se nos presenta, y que suponemos nos agradece ella y nuestras otras vidas, o momentos pasados y futuros, de nuestra vida actual, si es que no están todas nuestras vidas y tiempos sucediendo en este instante.

Conclusión.

La vida es un milagro, algo que no se puede explicar, por más que la ciencia agote recursos y consiga respuestas físicas.

Hay un montón de preguntas sin respuesta, que es donde, se apoyan las otras versiones.

¿Por qué nuestros padres se conocieron? ¿Algo hubiera cambiado si nosotros, antes de conocer a nuestra pareja, hubiésemos demorado un segundo más, para salir de nuestra casa?

¿Y si hubiésemos cambiado el lugar a donde íbamos a último momento?

Cada segundo de la vida es un milagro inexplicable, cada idea que pensamos es una puerta a un mundo distinto. No siento que sea posible manejar todo, aunque podría ser, quizás, en otro momento cuando se descubra algo comprobable, lo cierto es que hoy, si bien podemos cambiar cómo sentimos cada momento de nuestras vidas, hay mucho de azar y entonces, asumiendo que muchas cosas que nos sucedan van a ser inesperadas, lo mejor es abrir la puerta a todo, adaptarse, fluir, porque la mayoría de lo que pasa en el día, no tenemos idea, y si la tenemos, es porque estamos cerrados a muchas cosas.

La vida es una fiesta sin reglas y nosotros los invitados, que venimos a ser parte, a jugar en el río, a soñar, a disfrutar sabores, colores, a enamorarnos de miradas, a emocionarnos con historias, voces, y lo que se nos ofrezca.

Somos parte de un lugar muy particular, estés donde estés leyendo estas palabras, creo que lo único que podemos hacer, y está a nuestro alcance, es vivir, reír y llorar con la misma pasión, no pensar que existe alguien por sobre nosotros a quién hay que agradecer, nosotros estamos acá, somos carne, hueso y emociones, lo otro, que aparezca si es que existe, mientras nada de lo demás sea comprobable, lo mejor es lo que tenemos, y así está muy bien.

 

Ignacio Sallaberry Silveira


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viernes, 17 de julio de 2026

VEAMOS LO POSITIVO (Sexualmente hablando)

Se puede comenzar este pensamiento con la frase, hoy está todo hipersexualizado, y a partir de ahí, hacer una crítica feroz, a esta sociedad casi sin restricciones, de celulares cargados de páginas e imágenes pornográficas, dibujos de mujeres o de hombres que, a medida que se avanza en un juego (bastante básico por cierto), van quedando desnudos. Ese ejemplo, es casi el juego de tutti frutti de nuestra infancia.

Y no es menor el dato que hablo de celulares, y no de personas, porque al celular, al sistema, poco le importa si quién lo agarra es un niño de siete años, un bebé de dos años (si, hay humanos a esa edad con celulares en sus manos), una abuela de 80, o todo lo que exista dentro de esos rangos etarios.

 

¿Cómo era antes?

Le puedo hablar de cuando yo tenía 13 o 14 años, en la época donde descubrí que las mujeres desnudas se imprimían, incluso había libros, fascinantes historias que hacían mis delicias mentales. A escondidas eso sí, tomadas a escondidas o imaginándomelas tras la bolsita que tenía una franja negra en los canjes de revistas o algún kiosco. Para mí, criado en colegio católico, donde nunca se habló de sexualidad, eso, lo poco que empezaba a conocer, empezaba a ser, el verdadero paraíso.

 

¿Cómo es ahora?

La sexualidad se habla desde el jardín de infantes, se aplaude a los niños que dicen ser gays a los cuatro años, les juro que eso pasó en la escuela donde fue mi hijo. En la televisión pasan cuerpos desnudos y encamadas como si de un capítulo de Paul Patrol se tratase, pero si usted apaga la tele, y abre YouTube, se dará cuenta que todo está igual, o peor, y además, el celular está esperando esos momentos de ocio, para, entre juego y juego, poner sus "anuncios".

 

¿Debería ser de otra manera?

Todos diríamos que sí, que es inapropiado que un niño mire un cuerpo desnudo, sepa, o intuya, mucho más que nosotros a esa edad (y quizás hasta en esta edad), lo que hay que hacer.

Sin embargo, este planteo busca ir un poco más allá y busca, no poner en el idealismo del bien, lo que nos haya tocado vivir.

 

Factores que han cambiado, para bien.

Sabido es por todos, que la iglesia católica en occidente, es de lo que conozco para hablar, pero algo me hace intuir que todas las religiones deben andar por los mismos pasos, ha perdido mucha fuerza popular. No dios, ni otros seres divinos, sino la iglesia católica apostólica romana, que, desde sus inicios, sigue pregonando lo mismo, buscando obtener los mismos resultados.

¿Qué sucedió en el medio que ha hecho perder peso a estas instituciones?

Los relatos de la historia que salen a luz contando las millones de muertes que ha hecho, que aún hoy, sigue haciendo.

Las violaciones a niños por parte de quienes, según la iglesia, están más cerca de dios.

Y paro por ahí, como muestra, bastan dos botones.

Quizás me queda para hacer una pregunta descolgada del tema, ¿Qué pasaría en la sociedad, si las abusadas hubieran sido niñas? La gran mayoría son niños, el feminismo no hace gran alarde.

Pero vuelvo al tema de la hipersexualidad. Ante la caída de quién promulgada la moral, ante el descreimiento atroz a la institución que guiaba la sociedad, las ovejas se desparramaron. Ya nadie creyó en nada y además, del otro lado, estaba el premio del sexo libre, eso quiere decir, placer, placer, y más placer. No había cómo volver atrás.

 

¡Libertinos! ¡A gozar!

Al quedarnos sin alguien que nos controle, alguien que nos diga que el placer es malo (mientras ellos lo disfrutan espúreamente a escondidas), volvemos a tiempos donde no estaba la iglesia, tiempos donde ningún ser humano nos podía decir que estaba bien y que estaba mal.

Conocidas son las orgias romanas, las relaciones abiertas que tenían grandes filósofos de otros tiempos, y también hay historias, que se cuentan de la gente que habitaba estos lares, antes que llegaran los europeos, con la palabra de su dios en sus espadas.

 

Sin nadie que controle el sexo, el sexo domina el mundo.

Hoy en día, según algunas cifras, las páginas pornográficas son el mejor negocio en internet, los lugares más visitados, nos asombramos seguramente, saber la cantidad y los nombres, de quienes visitan las famosas deep webs.

 

El Ser Humano es, el único ser vivo que puede hacer el amor, mirándose a los ojos y solamente por placer. (Menos los bonobos, los delfines y algún que otro primate)

Para el ser humano, el sexo es algo sociable, disfrutable, muy disfrutable, y en tanto menos carga moral tenga, infinitamente placentero.

Liberar al sexo, es lo mejor, que se le puede hacer al ser humano, no pelearle, dejarlo que se comunique libremente con cada uno de nosotros, es en esa situación, y con el paso del tiempo, que podremos ser testigos de la real magnitud de esta tan particular forma de comunicarnos.

 

Darnos cuenta nosotros, los de antes, que es normal ver un cuerpo desnudo, como quizás, los nativos de estas tierras veían desde su nacimiento. El morbo a lo escondido, a lo que no se habla, ha dejado más huellas mentales negativas que positivas en nuestras psiques dominadas por una iglesia de falsa moral. Pero había que dominar el sexo, para dominar las sociedades, y se domina, ni más ni menos que con el miedo, miedo al castigo primero, a la muerte después (persecución de hombres y mujeres libres), y ya avanzado el plan, al juicio de la sociedad (en algunos casos más pesados que la propia muerte).

 

¿Y entonces?

Para quien escribe estas palabras, difícil es hacer futurología, ya siento que mis parejas hubieran funcionado mejor, sin el peso del control sexual, que, si nos hubieran acostumbrado a hablar de sexualidad abiertamente, sin castigar el deseo (que siempre existió, existe y existirá), todo hubiera sido más real.

No sólo pasa en el sexo, pero el sexo es el placer más fuerte, más básico, el medio por el cual la humanidad sigue andando este mundo.

Pero sucede también con el gordo que le gusta comer y no lo dejan, con el fumador que disfruta ese contacto y lo amenazan de muerte.

Hoy la sociedad nuestra, según estudios, dejó de fumar porque era malo para la salud, pero se droga mucho más, come más sano (o sabe cómo hacerlo), pero hay más obesidad, está más libre sexualmente, pero, por enfermedades y demás temas, cada vez más, se está convirtiendo en una práctica individual, ya no siquiera hablamos de dos.

 

Quizás, hay que mirar un poco en perspectiva, no hay que pedir resultados inmediatos, quizás, fueron muchos años de condena social, y sea normal que primero, el carro se vaya para el otro extremo, hasta que el tiempo lo haga volver a su estado natural. Hoy no lo podemos asegurar, aunque si, intuir, que la naturaleza terminará poniendo las cosas en su lugar.

 

Natural sería ver un cuerpo desnudo sin idealizarlo, sin pensar que porque está desnudo está para usar, natural sería que él o ella pudiera decir que quiere estar con ella o él, sin que él o ella se enoje y pueda decir que no, natural es que el sexo sea común, como sentarnos a comer, probar alguna fruta, fumar algún tabaco.

Hoy para estos cuerpos nuestros, eso es lo natural, quizás en otros tiempos, lo físico deje de ser prioridad, quizás estamos dando paso a eso, pero, por el momento, a no ser que el cambio sea muy brusco, lo mejor que se puede hacer para quitar la hipersexualización, es hacer que el sexo, sea tan normal, que no escandalice a nadie, después de todo, nadie se escandaliza si ve a alguien comer. ¿No?

 

Conclusión

Prohibir el sexo, hacer ver mal al deseo, algo tan básico para el ser humano igual que comer o ir de cuerpo, obviamente no funcionó. Ni para nuestros abuelos/as, ni para nuestros padres/madres, ni para nosotros, quizás, ahora que la legalidad (y las normas) de la iglesia, ya no tienen poder, el tiempo coloque al sexo en su justa medida, no siempre tenemos hambre, pero tampoco tenemos problema en reconocerlo cuando tenemos.

Lindas generaciones vendrán que podrán vivir el sexo sin ser algo oculto, donde un cuerpo desnudo no sea un problema, donde el deseo se dé no por ocultación ni miedos, lugar donde crece lo que creemos oscuro, o que nos debería avergonzar.

Para eso, hemos tenido que pasar por ciertos barquinazos, por exageradas expresiones sexuales, por peleas insólitas, por héroes falsos y otras tantas cosas, pero aquí estamos, mucho más limpios que en otros tiempos, viendo que otros comienzan una carrera, con la pista bastante más limpia que antes.

 

Que la iglesia sólo sea un mal recuerdo. Amén.

 

 

Ignacio Sallaberry Silveira

sábado, 11 de julio de 2026

LA MÚSICA NUNCA GANÓ UNA REVOLUCIÓN (ni la hizo)

A lo largo de la historia, el ser humano, ha tenido, muchísimas batallas, para que, los de un bando, celebren por encima de los del otro bando (aunque de seres humanos hablemos).

Todas las guerras, han sido por poderes, sobre todo económicos, otros religiosos, y la lista puede seguir, pero, sea por ideología, economía, geografía, todas las guerras han sido por poderes, para que algunos dominen a su gusto sobre otros.

De muchas de esas guerras, han quedado poemas, novelas, canciones, pinturas, en fin, expresiones artísticas que, con el paso del tiempo, hacen más grandes las proezas, no olvidemos que la historia la escriben los que ganan, pero muchas veces, el paso del tiempo, le da cierta victoria al lado perdedor, a veces, tanto es así, que se considera que ha ganado más, el que ha perdido en su momento. 

El arte, sobre todo la música, ha servido, para envalentonar en lo previo a muchos que iban a una batalla, ha hecho sentir a los guerreros parte de algo mucho más grande, los ha hecho sentir parte de la parte que era injustamente tratada, así que, tenían en ese momento la posibilidad, de dar vuelta la historia.

Todo eso pasa en la cabeza de la persona que va a pelear, no en vano, el capitán se pasea en muchos casos, frente a sus tropas, para dar ánimo a sus muchachos, eso es, nada más y nada menos, que prosa inspiradora.

Dicho esto, vale ser sinceros con el arte, ninguna guerra se ha ganado con una guitarra en la mano, nadie entra a una invasión cantando las mañanitas, ni chiflando una milonga, haciendo caso omiso de las balas que pican a su alrededor.

El arte es un fruto de la inspiración e inspira, es cierto, pero no hace. Puedo incidir en la decisión de una persona en envalentonarse bajo determinado pensamiento, pero no es para combatir, para ganar.

Digo esto porque hace muchos años se viene dando, que a los géneros musicales que dicen algo sobre los escenarios, que hablan de la pobreza para quejarse, de las injusticias para nombrar a los gobiernos, los tratan poco menos de mensajeros del mal y no los contratan, o les piden que no hagan lo que están acostumbrados a hacer, en pocas palabras, que cambien el repertorio porque el que paga la fiesta, no quedará muy bien parado.

Al principio de este estúpido trato, el arte se auto festejó, aceptó los créditos que le daban, se enorgulleció, se agrandó, digámoslo mejor, cosa que le redituó en una excelente campaña de marketing para la gente, pero pésima para los que contratan.

Poniendo el caso de nuestras tierras, Artigas se benefició con tanto halago, útil para generar un orgullo de país, la guerra grande uruguaya consolidó a dos partidos que, con el paso del tiempo, lejos ya de esos días, gobiernan con medidas morales, por lo menos, sospechosas de la honorabilidad que la historia otorga a aquellos orientales.

Y más acá en el tiempo, la dictadura.

Las dictaduras, forjaron un espacio muy especial en las sociedades participantes, que, a base de canciones principalmente, han podido sobrellevar los momentos y proyectar otros mejores.

Ese título que se acopia el arte, le empezó a jugar en contra cuando, pasada ya la dictadura, y con gobiernos temerosos de recibir los ataques que, supuestamente, hicieron mella en los gobiernos militares, empezaron a ser, cada vez más, llamados con menos asiduidad.

Fue un proceso lento, pero los resultados han sido muy claros.

Hoy, hasta algunos cantores de folklore, o canto popular, dice sin dolor, que ya la gente no quiere escuchar folklore en los festivales, que sólo quiere bailar.

Quizás, para la banalización del público necesitemos otra columna, así como también merecerá otra columna, la generación de opiniones desde los gobiernos, algo que, sobre todo en el interior del país, se aprecia mucho más, porque está mucho menos disimulado.

Lo importante es remarcar que, las expresiones artísticas, son señaladas como levantadores de masas, y eso, no es lo que quieren contratar los dueños de las fiestas.

Ahora, la expresión folklórica, y creo que toda expresión artística de protesta en el mundo, se está quedando sin rival humano, quiero decir, ya las guerras no son en cada país, sino que son dos guerras bastante mundiales, porque al estar el comercio más relacionado, cualquier chispa que salte en cualquier parte del mundo, puede repercutir incluso, en el lado opuesto.

Hay además, una sensación social que todo ya está decidido, que hagamos lo que hagamos, los de arriba (por ponerlos en algún lugar, pero bien vistos podrían ser los de abajo en realidad), no van a cambiar un ápice lo que ya tienen arreglado. Los gobiernos de izquierda, han sido el golpe fatal a esa ilusión, con ellos, se han ido las últimas esperanzas firmes de una nueva forma de vivir. Y es que a todos, les ha ganado la sociedad de consumo, y todos, más allá o más acá, quieren su auto, sus vacaciones, en fin, vivir el sueño americano (de aquella América, no de esta que vivimos día a día).

Acá, la mayoría de la gente persigue sueños que son de otras sociedades, de otros niveles económicos, el tema es, que en aquellas sociedades también, a muchos, se les está haciendo difícil llegar. Lo peor es, que en estos tiempos, la sociedad se quitó la esperanza, la magia, el sueño de que lo imposible podía ser real. Entonces, ya el canto de protesta esperanzado por un cambio no tiene sentido de ser, ya el niño de la calle es algo que no se quiere ver, pero tampoco ayudar, el adulto en la calle, muchísimo menos, y así, invertir tiempos de vida para pedir por los demás, se ha vuelto obsoleto.

Ya nadie sale a un recital para pensar en los demás, sin embargo, la palabra empatía está de moda, ya nadie lee más de dos líneas (son muy pocos los que han llegado hasta acá), pero se habla de cultura como si se pudiera adquirir en 15 segundos de tik tok, más que en cien libros leídos. El camino tecnológico y fácil ha hecho mella, más que mella, ha roto todo, y hay que volver a estructurar.

Y, como dije al principio, el arte, la música, no ha ganado ninguna revolución, sin embargo, aportaba su grano de arena, para mantener una esperanza, que, muchas veces, nos hacía vivir mejor, no más despreocupados, no más felices (si es que hoy estamos más cerca de la felicidad), si no, nos hacía vivir mejor, más completos, más conscientes realmente de lo que nos pasaba.

Hoy, para hacer la revolución, hay que aislarse, usar lo menos posible la tecnología, y volver al boca a boca, a despertar desde el interés sincero el pensamiento del ser humano. Hay que evitar ser un meme famoso, un reel de cinco segundos, una canción de estribillo. Hoy hay que hablar, aunque nadie nos escuche, hay que hablar con la esperanza de no estar solos, es la revolución individual, ya no las grandes masas, porque hoy, transformarse en una gran masa, es transformarse en uno de ellos, entonces, todo se vuelve a disolver.

Hay que apostar al tiempo, al pensamiento, a la desaparición tecnológica, es casi imposible, pero esa es, nuestra dictadura de hoy, la que nos controla por redes, con una sonrisa y nosotros, participamos felices, pagamos por participar.

Redes que primero habitaban otros como nosotros, y hoy están, habitadas en su mayoría por máquinas, que, hasta el momento parece, manejan otros como nosotros.

Es difícil, no soy necio y estás leyendo estas palabras porque te llegaron por alguna red social. Pero yo no soy revolucionario, yo sólo pienso y pienso mal, yo sólo digo que, si tuviera capacidades dignas, la gente me seguiría, y yo me iría al medio del campo y la gente me iría a visitar de vez en cuando, y hablaríamos, y se irían con un montón de energías, no para pelear, si no para encontrar sus verdaderos motivos de vida, y a partir de ahí si, respirar en esta vida sin automatismo, hacer algunas cosas por las que eligiera el objetivo, cierta claridad, ya con eso alcanza para empezar.

Pero estoy en la ciudad, y casi no hablo con nadie, más que de cosas banales, y coincidimos con muchos de ellos, que ellos también están aislados, y que están cansados de la vida sin sentido, del bucle de noticias, reconocen que las redes son una porquería, pero ya están adentro, y así, todos nos damos cuenta que estamos derrotados, esperando algo gigante que cambie todo, porque a nosotros ya nos vencieron, y no tenemos ni media canción, que nos haga creer realmente, que todo esto es por algo que nos lleve a algún lugar interesante. 

Ojalá seamos los que pierden hoy, para que mañana nos vean, como los ganadores de algo, que había que ganar perdiendo, para que ellos estén mejor.

 

Ignacio Sallaberry Silveira

jueves, 2 de julio de 2026

LOS TELÉFONOS DE ANTES. Y CUÁNDO CORTAR.

Para quienes crecimos en un tiempo donde no todas las casas tenían teléfono, o sea que, la comunicación mediante voz únicamente no era tan común. Había un momento mágico, que era cuando la persona que estaba hablando, quería cortar, o le era cortada la llamada. Y no hablo de la operadora, que para esos tiempos recién había sido cambiada por la tecnología, si no del corte que se tenía que dar, naturalmente, luego de determinado tiempo de conversa.

Fue un momento que de manera genial, interpretaba Carlos Perciavalle, en aquel monólogo donde, teléfono en mano, comenzaba a ser monosilábico, o a cortar abruptamente sus frases.

"Si tengo que... Lo que pasa... Es que... Yo le di... No... Si..."  hasta que cortaba y gritaba un... "¡Andaaaa!"

No era fácil hablar por teléfono, cuando había operadoras, se podía esperar todo un día por un llamado a Montevideo, después, que la conversación ya no se escuchaba (?), se abrió la puerta de las charlas personales.

Y descubrimos que era mejor, a veces, contar cosas sin mirar a los ojos, porque nadie nos escrutaba con la mirada, y entonces nosotros, teníamos la ventaja de imaginarnos la cara de nuestro escucha. Era como un mini programa de radio, maravilloso.

Ahora, en aquellos tiempos también, los teléfonos eran casi fijos, se podía estirar un poco el cable, pero no se podía andar para arriba y para abajo de la casa como si de celulares habláramos, no. Las charlas se daban en el comedor generalmente, por lo que, todos escuchaban, y hasta se hacía silencio. Sobre todo, si eran los niños los que hablaban, que era, un mínimo, muy mínimo, porcentaje de charla, al menos estando los adultos en la casa.

Ahora bien, los que tenían ese poder total, eran los adultos, pero, póngase en contexto, teléfono fijo en el comedor, no se podía hacer otra cosa más que hablar por teléfono, se dibujaba mucho en un papel que siempre estaba al lado, o, se retorcía el cable hasta que el dedo quedara negro, para después soltarlo de golpe.

A veces, el teléfono sonaba y mamá estaba cocinando, antes se cocinaba toda la mañana, no me pregunten por qué, entonces, el grito sagrado. "¡Atiendan a ver quién es, que debe ser para tu padre!"

¡Mamá! (Mismo grito, aunque no estuviéramos lejos) ¡es fulana! (amiga de ella) "Decile que ya voy"

Y ahí me quiero detener porque eso pinta todo el momento, "decile que ya voy". Antes había tiempo de espera, las personas llamaban y esperaban que la otra persona se preparara para atenderla. Y a veces no era un minuto, a veces se esperaba más tiempo, bastante más, aunque se esperaba sabiendo, que el teléfono descolgado era prioridad, estabas entre los primeros, o el primer ser, a quien iban a dar corte en esa casa, a no ser que se provocara un incendio, se cayera la abuela, o alguno de los gurises de la casa.

Pero si es cierto, que muchas veces dejábamos el teléfono descolgado, sabiendo que había alguien ahí, esperando ser atendido.

Luego de un momento llegaba el adulto que explicaba de manera detallada los motivos por los cuales no había atendido enseguida, que la cocina, las papas, el tuco, el almacén que se había demorado en la mañana, en fin, la otra persona por llamar, se hacía acreedor a un conocimiento del hogar que no iba a tener ni la policía.

Quizás el motivo de la llamada no era algo importante, o al menos no para las importancias que manejamos hoy, no era para hablar de guerras, ni para filosofar de política, solamente era para conversar un ratito, de alguna situación puntual, las cosas de antes no pendían tanto de un hilo como ahora, estaba todo más firme, había de cosas que cuando se hablaban eran porque ocurrían realmente.

Además, si el llamado era de mañana, se suponía que no iba a demorar mucho, porque era el momento del día donde se organizaba todo.

Y llegaba el momento del final, aunque la charla, como toda reunión de amigas, a veces, se extendía en algún detalle más, y esos detalles se transformaban en minutos, por eso toda la planificación corría serios riesgos de llevarse a cabo.

No olviden que el teléfono aún no se movía del lugar, después llegarían los inalámbricos con media hora de baterías gigantes, pero en ese momento, cuando uno estaba en el teléfono, estaba en el teléfono, no podías hacer más que algún dibujito parido del subconsciente.

Se volvía imperioso volver al día, pero nunca, nunca se cortaba una llamada abruptamente, era una falta de respeto. Y ahí arrancaban los monosílabos y lo que Perciavalle hizo tan famoso.

No había manera de cortar y cuando se lograba, era como un alivio, tenías que marcar algún día para verse, o un te llamo en un rato, o algo que se te ocurriera, para salir de esa conversación, volver a tu vida, sin haber generado un mal momento con el amigo que te había llamado.

Lo gracioso, es que aún hoy, cuando sobrevive alguna llamada, llega el momento de cortar, y sigue el espíritu monosilábico en la vuelta, el momento de cortar pasa como si fuera una liebre perseguida por cincuenta perros, agarrala en ese momento o si no, quedás mal parado y te llevan por delante los perros que son, todas las situaciones incómodas que esconde ese momento tan particular del día.

Explicarle al otro que tengo que cortar porque tengo que hacer esto y lo otro, es rebajar esto y lo otro, porque parece que no fuera importante lo que estoy hablando con esa persona.

Decirle "bueno, dale, nos hablamos" Pero si ya te estás hablando, ¿para que vas a cortar si estás diciendo que después vas a hacer lo que estás haciendo ahora?

"Dale chau, chau" viene con una carga de desgano y mala onda que automáticamente después de eso, el que corta saca un tema para seguir hablando y retractarse de lo tan malo que hizo.

Lo mejor es hablar cara a cara, y hoy casi no se habla por teléfono, se cambió por los mensajes de WhatsApp que puedo dejar sonando mientras me baño, cocino, o miro una película, también los mensajes cambiaron los encuentros, ya nadie mira al otro a ver si está cómodo, si necesita ayuda, o si está feliz.

Yo estoy escribiendo esto en el teléfono, al que uso para un montón de cosas, menos para hablar por teléfono, y voy a decir mi verdad, prefiero esos momentos incómodos del monosilabismo, al cómodo mensaje monologuista de 3 minutos.

Aunque sea más incómodo, que bailar con la suegra.

 

 

ISS

MAURO ICARDI ES BRASILEÑO

Argentina es un país maravilloso, de los pocos en el mundo que tiene casi todos los climas, sólo le faltaría el caribe.  También en otros te...