lunes, 22 de junio de 2026

A BIELSA LE VENDIMOS UN ÓMNIBUS. Y NOS COBRÓ CINCO AVIONES.

Que el fútbol es inescrupuloso, obsceno en sus cifras económicas, y alguna que otra cifra más, ya lo sabemos. 

Que por algún motivo especial, histórico, social, deportivo, a los uruguayos es lo que más nos une, y nos separa, también lo sabemos. 

Dicho esto, quiero dejar por fuera la parte económica, de Bielsa, de los jugadores, de los dirigentes y de todo actor que en estas letras se toquen, porque todos, hasta el más pelado de ellos, tiene 10 millones de dólares en el banco.

Porque Bielsa no es barato, pero qué técnico que le tocara sacar a una pléyade de estrellas retiradas del fútbol, pero aferradas a la selección ¿sería barato? 

Ya nos pasó en el mundial 2022 ir con un dt amigo de los jugadores, y así nos fue. 

Pero dejemos el fútbol, si se puede, y vayamos a lo social, a Bielsa, le gustó Uruguay, aunque no viva acá, porque una vez, luego de que le hicieran la propuesta de dirigir la selección uruguaya, se subió a un ómnibus de recorrido citadino, lleno de gente y, cual si mirara una obra de teatro, quedó prendado de nuestras formas de ser. Se enamoró de los uruguayos por un viaje, como aquel que se enamora para toda la vida, o al menos eso cree en un principio, de alguien, por verla caminar con gracia por media cuadra, dirigiéndose a una casa lujosa eso sí, porque claro está que Bielsa, no se hubiera subido a un ómnibus de línea local, si antes no le hubieran dado el ok económico, está aclarado en las primeras líneas, todo, absolutamente todo, en este caso, es por plata, por mucha plata, sean las personas que sean. Recordemos que el famoso maestro, con una foto frente a un pizarrón, de hace 50 años, también curró cobrando fortunas y permitiéndosele otras fechorías de mayor porte, como mandar a alguien presa sin justificación, o arreglos policiales especiales para sus dirigidos o familiares de ellos, en el mundo del fútbol, nadie siquiera respira gratis. Será arena de otro costal entender porqué el mundo feminista le permitió esas cosas a Tabárez, espero no sea por compartir supuestas banderas políticas, aunque temo que mi esperanza sea en vano.

Lo cierto es que Bielsa se enamoró de nuestro acting omnibusero, o se quiso enamorar porque su Rosario natal, dijera Fito Páez, siempre estuvo cerca.

Ahora bien, después que el tipo se dedica, de la forma que todo el mundo ya sabía de antemano, se dedica a algo, los uruguayos le convertimos el simpático ómnibus, en el peor y más largo, viaje en tren fantasma del mundo. Porque tuvo que lidiar con Suárez, que no se quería ir, o mejor dicho, si quiso irse, pero después quiso volver, y en el medio criticó a Bielsa por no saludar, cuando él mismo en Nacional, en su segunda etapa, tenía prohibido que se le acercara la gente del parque a él, o a su entorno familiar. Y aún así, con esa hipocresía a cuestas, mucha gente lo apoyó, basado en una forma de hacer periodismo que, Bielsa no se percató, nadie le representó sobre el ómnibus, aquella tarde donde le vendimos gato por liebre. 

Es que así somos ¿sabe? Así como fuimos con usted, querido loco Bielsa, somos entre nosotros, y con los demás. Lo sabrán nuestros hermanitos argenteños, a quienes la mayoría de nosotros odiamos, profunda, y justificadamente, pero, le damos, o ellos colonizan sin importarles que aquí vivimos, Piriápolis, Punta del Este, Colonia, y lo que se les ocurra. 

Nos mostramos abiertos en el ómnibus, pero la verdad, que somos más cerrados que upiti de muñeco y no soportamos que ningún técnico de otro lado, venga a decirnos nada, sobre cómo hay que jugar al fútbol, porque nosotros sentimos, que creamos este deporte, o las primeras páginas de gloria, y en eso quizás, tengamos razón. 

A Bielsa le vendimos lo que no somos, y nos cobró lo que él no vale, lo que nadie vale, si es que alguien vale lo que cobra en este mundo paralelo (y paralelos), del fútbol. Por eso creo que el negocio, a fin de cuentas, es justo y lógico. 

El caso Bielsa nos hace de reflejo, de algo que parece no cambiar más, nos vienen a robar los de afuera, perpetúan sus fechorías, pero nosotros, orgullosos, tontamente orgullosos diría yo, nos abogamos el derecho a hacerlos sentir mal, a criticarlos, a ignorarlos, a burlarlos, con eso somos felices. 

Pero no nos pasa sólo con los de afuera, nos pasa con nuestros politicos, con la justicia, con nuestras instituciones, el tema es que el fútbol tiene eso que se diferencia, y que, esta vez, osó darle el poder a alguien de afuera. Alguien de afuera que se creyó el cuento del ómnibus friendly (o así nos hizo creer, o así le sirvió creerlo), mientras el destino lo iba a dejar, en un palacio que, cual culebrón turco (y no hablo del "golero un gol en contra por partido de Muslera"), habitan, periodistas anti tenfield, periodistas pro Paco, dirigentes pro lo que les sirva más de la vieja escuela, dirigentes pro lo que les sirva más, de la nueva escuela, resentidos de otras generaciones, ex jugadores que cargan nuevos negocios, ex jugadores que quieren jugar, ex jugadores que fueron al mundial lesionados, porque no hay que romper un grupo ya roto. Pero eso si, la cara para afuera, como si dentro del ómnibus en el que supuestamente viajó Bielsa se tratara, llena de amabilidad, sociabilidad y respeto, como debe ser, como nuestras abuelas nos vienen inculcando hace años, y es la base de nuestra sociedad. Hay que ser educados, o mostrarse como tal para afuera, hasta que te den el si, después si, vale tirar, y tirarse la chancleta. 


I S.S.

lunes, 15 de junio de 2026

HAN GANADO CON CHIFLES Y MATRACAS

El amor siempre ha sido el motor de toda actividad del ser humano. El amor genera magia, da esperanza a lo imposible, nos hace mirar al horizonte, como algo accesible y prometedor de un futuro mejor.

En esta historia de amor y humanidad, la relación entre el Hombre y el deporte, tienen guardadas, momentos increíbles. Personas teniendo la posibilidad de llegar a lugares donde la sociedad no le iba a permitir llegar nunca, por la condición económica, por el color de la piel, por el país en el que se nace, por muchas cosas.

Ejemplos abundan, y el fútbol, siendo el deporte mundialmente más conocido y practicado, según dicen por ahí, es abanderado de un montón de situaciones imposibles, que sólo el amor puede lograr.

El fútbol era amor, hazañas imposibles, que después quedaban en leyendas que, ya veteranos, relataban sus historias, emocionados y emocionaban, porque, todos sabíamos que, además, lo habían hecho por amor a la camiseta, porque no habían cobrado un peso, porque, como todo enamorado romántico, lo había dado todo sin pedir nada, y así estaba bien. El enamorado siente que hay una mancha en su historia si lo que hizo, además de por amor, lo hizo por algún fin propio, por fuera del amor, y por supuesto, el dinero, para el romántico, es la antítesis de todo lo que significa gallardía, valores y sueños.

Pero, también es cierto, que el aire de injusticia que rodea al que, por amor, logra sus objetivos, para después recordar, y ser recordado, casi en el mal vivir, era un precio incómodo para todos. Porque, además, con el pasar del tiempo, la gente ya no quería sumarse a cumplir sueños, por el sólo hecho de ser importantes, pero no tener un plato de comida después. Entonces, para seguir trayendo soñadores que lograran cosas imposibles, se empezó a pagar buenas sumas de dinero, que, adivinó usted, a medida que se iban logrando, se iban superando, las unas (hazañas) y las otras (económicas).

Entonces, aquellos jugadores de logros y honor, se convirtieron en deportistas de shows y dinero, y en cierta medida, no estaba del todo mal. Se promocionaba el deporte, es preferible que la gente intente una economía más que estable, por los caminos de la salud deportiva, a otros logros que no exigen, buenas y saludables costumbres, más bien todo lo contrario.

En esa transición, dirá la historia, quedaron los mejores ejemplos, personas que se esforzaron por sus hazañas, propias y de la comunidad, y fueron retribuidas de manera decente, quiero decir, que pudieron vivir de lo que hacían, sin llegar a la obscenidad de que, cualquier persona que sólo corra, grite, simule, y le pegue más o menos bien a la pelota, tenga su vida y la de sus tratara nietos aseguradas.

El negocio, llegó al fútbol y, si bien al principio, fue algo para agradecer, hoy en día, para quien les escribe y algún otro enamorado más, es un contrato a revisar, aunque temo, ya es demasiado tarde.

Se dice que la NBA es el básquetbol del negocio, que los mejores basquetbolistas juegan en la calle de los Estados Unidos, lejos de tantos millones, aunque con algún peso ganado. Algo así, podría pasar, o ya pasa, en algunos lugares del mundo, con el fútbol.

Hoy, el romanticismo, lo heroico, el esfuerzo basado en un sueño y nada más, ha quedado de lado, le ha ganado, en una batalla muy injusta, el dinero. Hoy las casas de apuestas dirigen el deporte, lo auspician, lo modifican, pertenecen a los dos tiempos fuera agregados a la fuerza, llamados "tiempos de refrigeración", aunque sean las 11 de la noche y hagan 10 grados.

Hoy ya no existe el amor a la camiseta, tampoco es muy halagable, hacer algo por el honor y nada más. Todos sabemos que detrás de cada logro llueven fortunas, para el que los logra, y quizás eso esté bien, y esos sean los nuevos objetivos a seguir, para las generaciones que vienen, algunos, nos hemos quedado queriendo valorar algo más.

Porque aún habemos quienes, quedaremos esperando que aparezca el enamorado que haga todo por amor puro y duro y nada más, aún a costa de su físico, de su olvido. Haciéndose cargo de lo que decidió hacer, sin pensar que lo hacía porque abajo había, un colchón de millones de dólares donde caer, ganara o perdiera.

En definitiva, de eso se trata, de que cuando a las actividades humanas, regidas solamente por el amor, las toca hasta ensuciarlas en su totalidad, el abusivo interés económico, todo pierde gracia, sentido, poesía, pasión.

El respeto a la vida del más allá se perdió con Halloween, el fútbol se vendió a las apuestas que lo llevó a cambiar hasta sus tiempos de juego, la música aplaudió a la tecnología hasta perderse en la IA, Navidad dejó de ser amor entre parientes, recordatorio de una esperanza espiritual, para transformarse en fríos y obligatorios regalos (cada vez más suntuosos también), y hoy, camina ya rumbo al olvido inexorable, el mismo que tienen todas las cosas, que pierden el amor, esa chispa, que hace cosas inexplicables.

No reniego del avance tecnológico, no reniego de la correcta remuneración, sólo digo, que si a toda actividad, le sacamos el hacer las cosas por amor, amor de enamorados, no nos importará que mientras dos o tres, o mil, ganen miles de millones, otros millones, iguales a todos los demás, ni siquiera tengan agua, y encima, ya ni nos llamen la atención esos eventos, porque ya ni disimulan que ese circo, que antes era muy grande y para todos, hoy, sea una carpita excesivamente ampulosa, para unos pocos y nada más.

 

I. S. S.

MAURO ICARDI ES BRASILEÑO

Argentina es un país maravilloso, de los pocos en el mundo que tiene casi todos los climas, sólo le faltaría el caribe.  También en otros te...