HAN GANADO CON CHIFLES Y MATRACAS
El amor siempre ha sido el motor de toda actividad del ser humano. El amor genera magia, da esperanza a lo imposible, nos hace mirar al horizonte, como algo accesible y prometedor de un futuro mejor.
En esta historia de amor y
humanidad, la relación entre el Hombre y el deporte, tienen guardadas, momentos
increíbles. Personas teniendo la posibilidad de llegar a lugares donde la
sociedad no le iba a permitir llegar nunca, por la condición económica, por el
color de la piel, por el país en el que se nace, por muchas cosas.
Ejemplos abundan, y el fútbol,
siendo el deporte mundialmente más conocido y practicado, según dicen por ahí,
es abanderado de un montón de situaciones imposibles, que sólo el amor puede
lograr.
El fútbol era amor, hazañas
imposibles, que después quedaban en leyendas que, ya veteranos, relataban sus historias,
emocionados y emocionaban, porque, todos sabíamos que, además, lo habían hecho
por amor a la camiseta, porque no habían cobrado un peso, porque, como todo
enamorado romántico, lo había dado todo sin pedir nada, y así estaba bien. El
enamorado siente que hay una mancha en su historia si lo que hizo, además de
por amor, lo hizo por algún fin propio, por fuera del amor, y por supuesto, el
dinero, para el romántico, es la antítesis de todo lo que significa gallardía,
valores y sueños.
Pero, también es cierto, que el
aire de injusticia que rodea al que, por amor, logra sus objetivos, para
después recordar, y ser recordado, casi en el mal vivir, era un precio incómodo
para todos. Porque, además, con el pasar del tiempo, la gente ya no quería
sumarse a cumplir sueños, por el sólo hecho de ser importantes, pero no tener
un plato de comida después. Entonces, para seguir trayendo soñadores que
lograran cosas imposibles, se empezó a pagar buenas sumas de dinero, que,
adivinó usted, a medida que se iban logrando, se iban superando, las unas
(hazañas) y las otras (económicas).
Entonces, aquellos jugadores de
logros y honor, se convirtieron en deportistas de shows y dinero, y en cierta
medida, no estaba del todo mal. Se promocionaba el deporte, es preferible que
la gente intente una economía más que estable, por los caminos de la salud
deportiva, a otros logros que no exigen, buenas y saludables costumbres, más
bien todo lo contrario.
En esa transición, dirá la
historia, quedaron los mejores ejemplos, personas que se esforzaron por sus
hazañas, propias y de la comunidad, y fueron retribuidas de manera decente,
quiero decir, que pudieron vivir de lo que hacían, sin llegar a la obscenidad
de que, cualquier persona que sólo corra, grite, simule, y le pegue más o menos
bien a la pelota, tenga su vida y la de sus tratara nietos aseguradas.
El negocio, llegó al fútbol y, si
bien al principio, fue algo para agradecer, hoy en día, para quien les escribe
y algún otro enamorado más, es un contrato a revisar, aunque temo, ya es
demasiado tarde.
Se dice que la NBA es el
básquetbol del negocio, que los mejores basquetbolistas juegan en la calle de
los Estados Unidos, lejos de tantos millones, aunque con algún peso ganado.
Algo así, podría pasar, o ya pasa, en algunos lugares del mundo, con el fútbol.
Hoy, el romanticismo, lo heroico,
el esfuerzo basado en un sueño y nada más, ha quedado de lado, le ha ganado, en
una batalla muy injusta, el dinero. Hoy las casas de apuestas dirigen el
deporte, lo auspician, lo modifican, pertenecen a los dos tiempos fuera
agregados a la fuerza, llamados "tiempos de refrigeración", aunque
sean las 11 de la noche y hagan 10 grados.
Hoy ya no existe el amor a la
camiseta, tampoco es muy halagable, hacer algo por el honor y nada más. Todos
sabemos que detrás de cada logro llueven fortunas, para el que los logra, y
quizás eso esté bien, y esos sean los nuevos objetivos a seguir, para las
generaciones que vienen, algunos, nos hemos quedado queriendo valorar algo más.
Porque aún habemos quienes,
quedaremos esperando que aparezca el enamorado que haga todo por amor puro y
duro y nada más, aún a costa de su físico, de su olvido. Haciéndose cargo de lo
que decidió hacer, sin pensar que lo hacía porque abajo había, un colchón de
millones de dólares donde caer, ganara o perdiera.
En definitiva, de eso se trata,
de que cuando a las actividades humanas, regidas solamente por el amor, las
toca hasta ensuciarlas en su totalidad, el abusivo interés económico, todo
pierde gracia, sentido, poesía, pasión.
El respeto a la vida del más allá
se perdió con Halloween, el fútbol se vendió a las apuestas que lo llevó a
cambiar hasta sus tiempos de juego, la música aplaudió a la tecnología hasta
perderse en la IA, Navidad dejó de ser amor entre parientes, recordatorio de
una esperanza espiritual, para transformarse en fríos y obligatorios regalos
(cada vez más suntuosos también), y hoy, camina ya rumbo al olvido inexorable,
el mismo que tienen todas las cosas, que pierden el amor, esa chispa, que hace
cosas inexplicables.
No reniego del avance
tecnológico, no reniego de la correcta remuneración, sólo digo, que si a toda
actividad, le sacamos el hacer las cosas por amor, amor de enamorados, no nos
importará que mientras dos o tres, o mil, ganen miles de millones, otros millones,
iguales a todos los demás, ni siquiera tengan agua, y encima, ya ni nos llamen
la atención esos eventos, porque ya ni disimulan que ese circo, que antes era
muy grande y para todos, hoy, sea una carpita excesivamente ampulosa, para unos
pocos y nada más.
I. S. S.
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