A BIELSA LE VENDIMOS UN ÓMNIBUS. Y NOS COBRÓ CINCO AVIONES.
Que el fútbol es inescrupuloso, obsceno en sus cifras económicas, y alguna que otra cifra más, ya lo sabemos.
Que por algún motivo especial, histórico, social, deportivo, a los uruguayos es lo que más nos une, y nos separa, también lo sabemos.
Dicho esto, quiero dejar por fuera la parte económica, de Bielsa, de los jugadores, de los dirigentes y de todo actor que en estas letras se toquen, porque todos, hasta el más pelado de ellos, tiene 10 millones de dólares en el banco.
Porque Bielsa no es barato, pero qué técnico que le tocara sacar a una pléyade de estrellas retiradas del fútbol, pero aferradas a la selección ¿sería barato?
Ya nos pasó en el mundial 2022 ir con un dt amigo de los jugadores, y así nos fue.
Pero dejemos el fútbol, si se puede, y vayamos a lo social, a Bielsa, le gustó Uruguay, aunque no viva acá, porque una vez, luego de que le hicieran la propuesta de dirigir la selección uruguaya, se subió a un ómnibus de recorrido citadino, lleno de gente y, cual si mirara una obra de teatro, quedó prendado de nuestras formas de ser. Se enamoró de los uruguayos por un viaje, como aquel que se enamora para toda la vida, o al menos eso cree en un principio, de alguien, por verla caminar con gracia por media cuadra, dirigiéndose a una casa lujosa eso sí, porque claro está que Bielsa, no se hubiera subido a un ómnibus de línea local, si antes no le hubieran dado el ok económico, está aclarado en las primeras líneas, todo, absolutamente todo, en este caso, es por plata, por mucha plata, sean las personas que sean. Recordemos que el famoso maestro, con una foto frente a un pizarrón, de hace 50 años, también curró cobrando fortunas y permitiéndosele otras fechorías de mayor porte, como mandar a alguien presa sin justificación, o arreglos policiales especiales para sus dirigidos o familiares de ellos, en el mundo del fútbol, nadie siquiera respira gratis. Será arena de otro costal entender porqué el mundo feminista le permitió esas cosas a Tabárez, espero no sea por compartir supuestas banderas políticas, aunque temo que mi esperanza sea en vano.
Lo cierto es que Bielsa se enamoró de nuestro acting omnibusero, o se quiso enamorar porque su Rosario natal, dijera Fito Páez, siempre estuvo cerca.
Ahora bien, después que el tipo se dedica, de la forma que todo el mundo ya sabía de antemano, se dedica a algo, los uruguayos le convertimos el simpático ómnibus, en el peor y más largo, viaje en tren fantasma del mundo. Porque tuvo que lidiar con Suárez, que no se quería ir, o mejor dicho, si quiso irse, pero después quiso volver, y en el medio criticó a Bielsa por no saludar, cuando él mismo en Nacional, en su segunda etapa, tenía prohibido que se le acercara la gente del parque a él, o a su entorno familiar. Y aún así, con esa hipocresía a cuestas, mucha gente lo apoyó, basado en una forma de hacer periodismo que, Bielsa no se percató, nadie le representó sobre el ómnibus, aquella tarde donde le vendimos gato por liebre.
Es que así somos ¿sabe? Así como fuimos con usted, querido loco Bielsa, somos entre nosotros, y con los demás. Lo sabrán nuestros hermanitos argenteños, a quienes la mayoría de nosotros odiamos, profunda, y justificadamente, pero, le damos, o ellos colonizan sin importarles que aquí vivimos, Piriápolis, Punta del Este, Colonia, y lo que se les ocurra.
Nos mostramos abiertos en el ómnibus, pero la verdad, que somos más cerrados que upiti de muñeco y no soportamos que ningún técnico de otro lado, venga a decirnos nada, sobre cómo hay que jugar al fútbol, porque nosotros sentimos, que creamos este deporte, o las primeras páginas de gloria, y en eso quizás, tengamos razón.
A Bielsa le vendimos lo que no somos, y nos cobró lo que él no vale, lo que nadie vale, si es que alguien vale lo que cobra en este mundo paralelo (y paralelos), del fútbol. Por eso creo que el negocio, a fin de cuentas, es justo y lógico.
El caso Bielsa nos hace de reflejo, de algo que parece no cambiar más, nos vienen a robar los de afuera, perpetúan sus fechorías, pero nosotros, orgullosos, tontamente orgullosos diría yo, nos abogamos el derecho a hacerlos sentir mal, a criticarlos, a ignorarlos, a burlarlos, con eso somos felices.
Pero no nos pasa sólo con los de afuera, nos pasa con nuestros politicos, con la justicia, con nuestras instituciones, el tema es que el fútbol tiene eso que se diferencia, y que, esta vez, osó darle el poder a alguien de afuera. Alguien de afuera que se creyó el cuento del ómnibus friendly (o así nos hizo creer, o así le sirvió creerlo), mientras el destino lo iba a dejar, en un palacio que, cual culebrón turco (y no hablo del "golero un gol en contra por partido de Muslera"), habitan, periodistas anti tenfield, periodistas pro Paco, dirigentes pro lo que les sirva más de la vieja escuela, dirigentes pro lo que les sirva más, de la nueva escuela, resentidos de otras generaciones, ex jugadores que cargan nuevos negocios, ex jugadores que quieren jugar, ex jugadores que fueron al mundial lesionados, porque no hay que romper un grupo ya roto. Pero eso si, la cara para afuera, como si dentro del ómnibus en el que supuestamente viajó Bielsa se tratara, llena de amabilidad, sociabilidad y respeto, como debe ser, como nuestras abuelas nos vienen inculcando hace años, y es la base de nuestra sociedad. Hay que ser educados, o mostrarse como tal para afuera, hasta que te den el si, después si, vale tirar, y tirarse la chancleta.
I S.S.
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