¿Y por sexo cómo andamos? ¿Y de casa cómo andamos? Perdón, creo que era al revés.

Señor lector, le solicito para esta columna, su mayor sinceridad, no para que la salga gritando a los cuatro vientos, pero al menos, para que la reconozca en su interior y se comunique de una nueva manera con su ser. 

Desde ya, muchas gracias.


De un tiempo largo a esta parte, hay una actividad que hace el ser humano, que es bastante oculta, a la cual se llega por caminos retorcidos, no claros. Es una actividad que muchos años antes se hacía y reconocía con total libertad, pero, ante la imposición de la iglesia, fue salvajemente tratada, o destratada. 

Tanto es así, que si en una reunión usted dice que viene de robar algo de plata de un banco, o de un cajero, o que sepan sus amigos, que sus ingresos monetarios no son tan amigos de las buenas obras, ninguno de ellos le quitará el saludo o lo dejará solo en una reunión, ahora bien, pruebe usted en esa reunión hablar de sus gustos sexuales, ni siquiera de los más ocultos, hable de los más normalitos, va a ver como a su lado todos empezarán a dejarlo un poco solo.
La palabra pervertido, es una de las cosas que le pueden llegar a decir, por querer hablar de eso, en una reunión donde hay más de dos personas, usted y su novia, o usted y el cura, porque se está confesando obviamente, no siga pensando tan mal (su dios lo perdone).

La sexualidad ha sido, iglesia mediante, duramente castigada, no se olvide que para la iglesia, la procreación, debería ser la única excusa para que se mantengan relaciones sexuales, por eso es que se bautiza a los niños, para limpiar el pecado original de haberlos concebido con acto tan pecaminoso, se bautiza para quitar el diablo del niño, y el diablo está ahí, porque el acto sexual le dió las llaves de ese cuerpo. He ahí, el porqué del bautismo, nada tiene que ver el ponerle un nombre a alguien, eso, lo hace el registro de cada país. 

Bueno, ante esta prueba, difícil que hablar de sexo sea algo bueno, el sexo ha sido visto, impuesto, como algo sucio, oculto, pecaminoso, innecesario, y todas las cosas malas que se les ocurra.
Pese a eso, el sexo, como única forma de procreación del Hombre, ha sobrevivido y ha gozado siempre, aunque en los lados ocultos de la humanidad, de excelente salud, no en vano, el hombre salía de sus casas para descargar en los prostíbulos, todo lo que no podía hacerle a su mujer, porque si se lo pedía era tratarla como una puta y tampoco ella se lo dejaría hacer, aunque después, tanto él como ella, lo harían por otros lados.
Si, tapar el sexo ha sido el error más grave de la iglesia, su tendón de Aquiles, el cual se le ha roto a ella misma, ante la castidad obligada a sus representantes, y todo lo que eso ha traído, que no vale la pena recordar, pero si tener en cuenta para el fin de esta columna. 

Quiero decirle querido lector, querida lectora, que el sexo ha llegado a su vida con una carga impresionante de conceptos, en su mayoría malos, y los buenos han sido en silencio cómplice, en mirada pícara, y algunas veces, bajo otras actividades, que tampoco han terminado de ser buenas.
Y todo esto también, no ha sido porque de niña/niño se lo han hecho saber directamente, difícil que en algunas épocas, los padres sentaran a sus hijos alrededor de una mesa y les explicaran con lujo de detalles, lo que era el sexo y sus derivados.
El sexo siempre fue silencio, ocultación, las palabras malas han sido las sexuales o las partes del cuerpo que se utilizan para tales situaciones.
El sexo y su carga, su información, ha viajado en sus genes, cargamos, y que lo digan las constelaciones familiares, y varias nuevas formas de sentir la vida, con todo aquello que nuestros abuelos, bisabuelos, padres, padecieron y en casi todas, les aseguro, está la culpa del sexo, por haberlo hecho, por no haberlo hecho, por haberlo ocultado, o por haberlo dicho, sino, que lo digan aquellas personas que a sus antepasadas las mataron en la hoguera por usar la energía sexual para elevarse, para vivir libremente, para ser tratadas de brujas. 

La iglesia encontró en el sexo, la manera de dominar la humanidad, la hizo sentir culpable de algo tan natural como comer, mear o cagar, la vistió de prohibición, le puso la cara del diablo, y aún así el sexo, sobrevivió en la oscuridad, y ya que estaba en la oscuridad, usted, yo, todos, fuimos sintiendo que en ese lugar, estaba todo lo malo, aunque con el paso del tiempo nos hagamos grandes y entendamos que no es así del todo, del todo repito, en nuestro interior sigue latiendo que lo relacionado al sexo, mejor que siga oculto.
Si en esta columna literaria yo pongo pija en vez de pene, usted se va a asombrar, si hablo de concha en vez de sexo de la mujer, o parte íntimas en ambos casos, usted va a pensar que esta columna es ordinaria y que yo como escritor soy malo, porque necesito usar esas palabras que empobrecen cualquier expresión. Aunque usted señor, cuando pase por la calle una chica, no piense para sus adentros, que hermosa mujer, que partes sexuales interesantes que tiene, lo mismo para usted señora, cuando pase algún hombre, no nos hagamos. 

En nuestra vida normal, en la social, el sexo está escondido, no valorado, y, aunque nosotros entendamos que, a medida que nos vamos haciendo adultos, hay un lenguaje interno con la sociedad, que vamos entendiendo y aplicando, el sexo no deja por ese motivo, de ser algo oculto, o que debemos ocultar. 

¿A qué va toda esta charla sobre la aceptación del sexo y sus actividades?

A que debemos limpiar al sexo, porque es una actividad que nos eleva, que nos conecta energéticamente con lugares a los cuales no llegaremos de otro modo, la iglesia lo sabía, las brujas, los brujos, lo sabían, y sabían que su fuerza serían imparable, por eso, la iglesia necesitó cargarle todos los males, y a la vez, banalizarlo, hacerle sentir a la gente que lo que hacía por placer era lo más fácil, lo más tonto. 

Pero el sexo, amiga, amigo, es una de las actividades más sagradas que tenemos, y a la vez, la que tendríamos que practicar sin ningún tapujo, sin reglas morales, cuando nos conectamos con el sexo, conectamos con lo que somos.
Bueno, a todo eso que usted siente, le pusieron culpa, por eso el sexo en parte se disfruta también, porque es nuestro sentimiento de culpa diario que necesitamos como escape, como alimento de nuestro Mr. Hyde, porque gracias a la iglesia, nos han hecho sentir pecadores, por querer hacer algo que la naturaleza hace a cada segundo. 

Debemos limpiar la actividad sexual y para limpiarla no hay nada mejor que liberarla, dejarla ser, de seguro que cuando usted está sola, solo, lo acompañan pensamientos que la/lo avergonzaría si se hiceran públicos. Y está bien, a nadie le gustaría contar lo que le piensa en su soledad, lo que alguna vez le ha llegado a excitar, lo que lo excita cada día.
Los números son irreprochables, la industria del porno, esa que nadie consume, es la más visitada en internet, relatos, imágenes, videos, ilustraciones, de lo más variado que se le ocurra, todo eso, vive gracias al ocultamiento del sexo. Quizá usted y yo, por tiempos, por descendencia genética, no lleguemos a disfrutar plenamente del sexo, pero, podemos, al igual que nuestras anteriores generaciones lo cubrieron del manto de la suciedad, de la porquería, de lo oculto, empezar a mostrarlo y a vivirlo, como algo normal, natural, y sobre todo, muy fuerte. Con tanta fuerza como para abrir puertas energéticas, ojalá avancemos más, así nuestros descendientes, tienen el camino más allanado. Ojalá podamos expresar nuestras ganas sexuales sin preocupación, sin miedo, en confianza, sin juzgar, disfrutando, al menos con nuestra pareja. 

Ojalá hablar de sexo deje de ser chabacán, ordinario, y pase a ser un tema del cual dedicarnos por completo a limpiar, una actividad tan digna se lo merece, y pase a ser realmente cuestionado, el hablar de muertes, de guerra, de robos, y de todas esas actividades donde el ser humano, es realmente dañino con su igual. 

No vamos a disfrutar del sexo hasta que no lo sinceremos, hasta que la mujer no tenga que andar escondiendo que le gusta, o diciendo que hace esto y aquello por primera vez, o al menos, una de las primeras veces y el hombre no sienta que tiene que esconder sus relaciones anteriores porque está mal visto haber sido un pito fácil, eso para empezar a limpiar, más adentro hay mucho más.

Quiero desearle con esta columna querido lector, querida lectora, que tanto su casa, como su sexo, queden tan limpios que sea el día de mañana, el orgullo de sus descendientes. 



I.S.S. 

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