Mucho se habla de lo mal que se los trata, a los que viven en la sociedad con escasos o nulos, recursos económicos. Y es cierto, la sociedad hoy en día se divide en dos, ya no se hace el esfuerzo por aquella tercera parte que fue la clase media, que aún hoy lo es, en menor cantidad.
De esas dos partes en las que queda dividida la sociedad, existe una, que día a día sufre la incomodidad, de sentirse afuera, de lo que se considera vivir. Quedándole entonces dos caminos, o vive como expulsado, o se genera su propia sociedad, con sus propios valores.
Todos entendemos eso, lo hemos vivido muchas veces, en televisión, escuchando una y mil veces, historias de impotencias, de amistades pese a los problemas económicos, resaltando el amor y el compromiso que se tiene, como si eso fuera de resaltar en personas con problemas económicos, como si esos sentimientos no fueran humanos, o peor, como si esos seres, no pudieran ser humanos. Lo cierto, es que se hace una idolatría de personas, que como máxima virtud se dice, son pobres pero tienen valores.
Todo dicho.
Del otro lado, silencio, no escuchamos historias de hombres amigos en la fortuna, porque apenas escuchamos eso, el primer pensamiento que se nos viene es, y si, con plata pueden hacer lo que quieran, u otro pensamiento más, si tienen esa cantidad de plata andá a saber cómo la hicieron, a alguien robaron, o están vendiendo drogas o lo que sea que minimice el logro de esos señores.
Entonces esos señores no pueden mostrar orgullosos sus amistades ni sus valores, que también los tienen y en igual medida que las otras personas que conforman la sociedad.
Porque unos mantienen amigos sin la tentación del dinero, y los otros, los mantienen pese a tener el dinero para elegir la amistad que quieran, eso también tiene un valor.
Pero entonces, para la gente pudiente, toda la historia de amistad y de valores que viene después, queda minimizada.
Y puede ser que esté bien, hemos hecho de la economía el valor superior de la sociedad, quién tiene disfruta los placeres y quien no, no, aunque, en los últimos tiempos, se nos han mezclado un poco las barajas, y quien tiene es mala persona y quien no tiene también, nadie se salva.
Hoy voy a hablar de mi historia, de mi visión de mi historia, porque siempre he tenido un pie en los dos lados, y sin embargo, los dos lados siempre me hacían sentir que estaba en el lado opuesto, ¿se entiende? Paso a contarlo.
Cuando se analizan las sociedades, poco se habla de los niños como seres adultos, porque son ellos los que forman las sociedades del futuro, en los mensajes y tratos que reciben, estarán las virtudes e inconvenientes de los años siguientes.
Decirle a un niño que no pida tantas cosas como si se creyera el rey de algún país, o a otro que disfrute lo que tiene porque hay niños en África que no tienen para comer, deja a la sociedad del futuro, de un lado y otro, medio renga.
Voy a mi historia, querido lector, yo fui un niño rico, bah, nací en una familia tradicional de hace unos años, donde el trabajo del padre, daba para solventar de muy buena manera los gastos y gustos de la familia de cuatro personas. Aclaro que nunca fuimos ricos de esos que tienen sus vidas aseguradas por dos generaciones por lo menos, no, pero podíamos vivir muy bien.
En casa, sin embargo, la queja de mi padre era que yo creía que él cagaba plata, que era muy difícil hacerla, y a medida que crecí y quise ser parte de eso, me dijeron que yo no sabía nada. Encima para mí padre cagara esa plata, tenía que estar fuera de casa todo el día, con los sabidos, a esta altura, problemas de comunicación y todo lo demás.
Conclusión de este lado de mi vida, para mí, la palabra plata, dentro de mi casa, era señal de ausencia de mi padre, critica de mis padres por querer usarla e imposibilidad de lograrla.
Esto no es una crítica, es sólo un relato de lo que sucedió y, tengo claro, que no sólo me sucedió a mi, esas eran frases usadas más de una vez y en distintos contextos. Lo que cuento de manera personal, que sirva como muestra de lo que, me consta, ha sucedido de manera general.
Pese a esas palabras de mi padre, yo, niño Ignacio, para el resto de la sociedad, era un niño rico, y eso, marcaba mis amistades, no porque yo fuera distinto o buscara amistades de plata igual que yo, no, sino porque los gurises del barrio, por ejemplo, me trataban distinto, porque había temas en los que me ignoraban porque decían que yo no podía opinar porque no sabía. Sentirme menos ante mi padre se podía tolerar, uno siempre se pondrá algún escalón por debajo, naturalmente uno siente que de ellos tiene que aprender, ahora, que un amigo, de tu misma edad, te diga que no podes hablar con él porque tenés plata, duele, y no tiene explicación.
El bullying al rico también existe, y cuando ese bullying es aplicado al niño, que nunca tiene plata, que sólo usufructúa lo que le tocó vivir, es muy doloroso.
Conclusión de este otro lado de mi vida, tener plata es un problema porque me aisla de mis amigos, me quita algo en mi cabeza que hace que yo no los entienda, y yo, quiero ser parte de una barra de amigos.
Por eso supongo, con el paso del tiempo, los niños que han nacido ricos se han encerrado con sus propios amigos que han nacido ricos, ellos no tienen la culpa, no tiene más sensibilidad el niño que nació en un contexto económico difícil, que el que nació sin esos problemas económicos. Ser pobre te hace valorar más un pedazo de pan, puede ser cierto, y quizás eso, a futuro, a ese niño pobre pero bien criado, le permita ser un hombre más centrado desde ese lugar, pero ser un niño rico bien criado, también le permite a ese niño tener una visión distinta de la vida y quizás, le permita el día de mañana también buscar un mundo mejor.
Yo no viví en ninguno de los dos mundos, fui rico para mis vecinos que no lo eran y no me junté con otros niños ricos porque mis padres tenían en sus cabezas, el mismo complejo que mis vecinos.
Y aquí estoy, soy ese niño crecido que nunca quiso ser rico porque sintió que si tenía plata no iba a poder hablar con alguien que no la tenga, sintiendo que es mejor ser pobre, porque eso me da la sensación de estar más cerca de sentir, la vida verdadera.
Así de estúpido es mi pensamiento, a mi niño, y que mi ejemplo sirva para muchos, le enseñaron a pensar así. Ser rico es delito y encima, no te enseña nada de la vida, y aunque puedas tener todo lo que quieras, nunca lo vas a disfrutar realmente porque no aprendiste a valorar las cosas, y ser pobre es ser buena gente, trabajador, humilde y conocedor de la vida, aunque nunca vas a tener las cosas para disfrutarla realmente.
"Dios da pan al que no tiene dientes" otra frase que marca nuestra pobreza social. Con esa frase justificamos al rico que se lo merece y no lo tiene, y al rico que la tiene y no se lo merece, todos disconformes, genial.
Lo reconozco, como parte de la sociedad, me han hecho así, pero no los culpo, así se fijaban los valores de aquellos momentos, y está bien.
Unos recibimos más de eso y otros menos, pero más o menos, por ahí andamos todos.
¿Hoy en día? No lo sé, trato de ser el padre de quien fui como hijo, eso lo hacemos todos, quizás antes también.
Lo cierto es que la economía no es tan estable como antes, y la sociedad está mucho más partida y desconectada que en aquél entonces. Que ya lo estaba, o mejor dicho, que fue armando lo que hoy tenemos, porque los que hoy adultos formamos la sociedad, somos los niños que ayer recibimos el mensaje de cómo hacerla.
Ojalá las generaciones que vengan encuentren otra forma que no sea la de echar la culpa a alguien porque sus padres tengan plata, ni la de tratar de mala gente a alguien porque sus padres no la tengan.
Ojalá se pueda lograr, aunque quizás se haya logrado antes y yo quizás esté muy equivocado y mis recuerdos, no sean reales, no lo sé, yo sólo conté, una parte de lo que creo, acordarme de mi historia.
I. S. S.
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