MI CEREBRO CELEBRA
En esta vida, me encanta escribir, pero a veces me pongo a pensar, ¿Y si en otras vidas ni siquiera escribía? ¿Cómo habré tratado a otros escritores? ¿Me habré burlado de ellos? ¿Me burlaré en próximas vidas? ¿Fui cocinero? ¿Maté alguna vez a alguien?
¿Habremos tenido otras vidas? ¿Las tendremos más adelante?
Creer en dioses es muy tonto ¿Cuán religioso he llegado a ser en otras vidas? Creer en la reencarnación es muy tonto, buscar explicaciones es muy tonto. Porque buscar explicaciones es llegar a un punto donde no hay respuestas, y ahí, es donde aparece la imaginación, para completar líneas, preguntas. Entonces, aparece dios, aparece la reencarnación, las vidas del más allá, del más acá, todo. Y en algo tenemos que creer, porque automáticamente el cerebro necesita, para descansar, dejar una explicación por válida, hasta que la ciencia, la realidad, o lo que sea, nos demuestra lo que es y ahí, podemos llegar a cambiar nuestras creencias nuevamente, o aferrarnos aún más a ellas.
Pero todo eso vive en el cerebro, yo creí en dios hasta que toda esa cadena de mentiras se cayó, apenas tomé conocimiento de algunos temas. Lógico, hubieron otras personas que entendieron que dios hizo sólo al mundo, que nunca se habló de los universos, que del barro la mujer, que los siete días y todo eso, entonces dijeron que eso es sólo una historia, pero que dios existe.
Cada uno se queda con la explicación que mejor le plazca.
A mi me gusta pelear con mi cerebro, retarlo, llevarlo más allá de sus comodidades, pero creo que en realidad, es él, el que maneja eso. Así que ahí estoy yo, mi alma, o lo que sea que soy, viendo como mi cerebro se interpela a cada momento, se quita sus límites, no cree en nada, después que se le cayeron los siete años de obediencia completa al colegio y su sistema católico, no lo culpo, se ha de sentir como un tonto, por eso no debe de querer sentir más nada, lo han engañado demasiado, ha apoyado cada una de esas mentiras aún sin mucho convencimiento, y todo al final ha resultado en vano. Como si fuera ese novio que da una, dos y hasta cinco chances a su novia, que vuelve una y otra vez a engañarlo, para mejor, la religión no tiene curvas, ni besa, ni nada.
Hoy mi cerebro cree en todo, porque no cree en nada, para mi cerebro es tan real que existe un dios que lo observa, como que un alma vive en un árbol por 200 años, mientras pasan y pasan otras vidas. Pero ya lo dijo el tango, si 20 años no es nada para la humanidad, cuánto menos lo será para la historia de este mundo.
No creo en dios pero si en los muertos que quedan en la vuelta, aunque si creo en la reencarnación, porque supone mi cerebro que en algún momento dejamos de ser fantasmas y pasamos nuevamente a ocupar algo en el plano fisico. Mierda, ¿y si en estos momentos soy un fantasma para otras vidas? Ahora, si es cierto eso que dicen, que los tiempos se suceden todos al mismo tiempo, buen rato tiene mi cerebro para encontrarle una explicación.
Sé, lo sabe mi cerebro, y le llama la atención, que, todo eso aún no tenga una clara explicación, y sin embargo, aunque entienda que todo es mucho más grande y más profundo, aún no pueda sacarse de sus pensamientos, aquella mirada, el beso que quiso dar, la mano que le hizo sentir cosquillas, acompañada de aquel silencio, la risa, la sonrisa, el llanto, todas esas cosas que, habiendo dioses, fantasmas en la vuelta, árboles esperando por una motosierra, y muchas vidas sucediendo al mismo momento, no dejan de ser para él, lo más importante.
Entonces mi cerebro se calla, pide una gran exhalación, sonríe, y se entrega. Él no va a encontrar todas las respuestas, prefiere quedarse ahí, recordando ese momento, donde sintió, que todo eso que él pensaba, vivió una vez, y para siempre, para todas las vidas, por 200 años, para los fantasmas, los vivos, los muertos, y por todo, amén.
I.S.S.
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