De acuerdo a lo que conocemos, o tomamos por cierto, el término mujer, advierte sobre una energía, o forma de vida más bien receptiva, que, se ubica en el cuerpo físico de determinadas personas, y que esos soportes físicos son, soportes que poseen senos de mayor tamaño que los masculinos, que son los otros soportes físicos, además, y quizás lo más particular, una vagina que es, la que hace que está energía sea, más receptiva y de cuidado, que las de la energía masculina.
También de acuerdo a lo que conocemos, desde que la biblia apareció, la mujer ha sido criticada, cuando no condenada y apedreada, por la liviandad de sus acciones sexuales, por dejarse llevar, digamos, como si ella no resolviera y aceptara actuar bajo el impulso de un ser muy malo que la habita, o que, en otro caso, se encuentra bastante cómodo para decirle cosas al oído. Porque ella parece ser, según la biblia, el libro que dios ha decidido escribir, usando la conexión con los hombres, el eslabón más fino en esto de, contacto entre lo divino, y la tierra.
No hago más que contar lo que dice la biblia, el hombre conectado con lo divino, la mujer, la mensajera de aquello que dios, el bien, no quiere que llegue al hombre, para protegerlo de tantas barbaridades.
Pero no es solo eso, también, en pleno apogeo de la relación entre religión y política, por la Europa medieval, la mujer obtuvo, cierto grado de importancia, pero más que nada en respetuoso silencio tras las figuras masculinas, habiendo otras, que se refugiaron en los conventos para evitar casamientos por intereses familiares.
Pero en ese tiempo se erigieron, las mujeres que, más adelante, serían un problema. No por religión, aunque la religión sirvió como excusa perfecta, si no, porque en plena Edad Moderna, se necesitó domesticar a las mujeres, hacer que se quedaran en sus casas, que tuvieran un marido para toda la vida, que dieran muchos hijos al mundo, porque se iba a necesitar mano de obra para las empresas. Entonces, la caza de brujas comenzó, toda mujer libre, aquella que no quisiera, como en otros tiempos, casamientos acordados sin pasión, sólo para mantener una pantalla social, sería perseguida, ya lguna más también. Muchas de ellas, denunciadas por otras mujeres, que temían perder a su marido, o verse obligadas a compartirlo, mirando para un costado.
Las “brujas”, mujeres y nada más, escapaban de lo que históricamente había sido una carga para ellas, la obligación de estar con alguien para toda la vida, la aclaración lógica, es que los hombres por entonces, sí, podían estar con otras personas, mientras su mujer, estaba tranquila en la casa con sus ocho, nueve, o quince hijos.
Luego de la matanza de esas mujeres, el mundo mejoró, los hombres pudieron trabajar tranquilos, ser productivos para el mundo, hasta aceptaron modificar sus horarios libres de sueño, por la regla de las ocho horas, que, de un día para otro, pareció la solución más fácil, para hacer que la humanidad, descansara al mismo tiempo, para, al otro día, todos a la misma hora, ser parte de las empresas.
Pero, el tiempo vuelve a cambiar, o el hombre, en su propio afán de comprar más cosas, en pleno auge de la aún hoy saludable, sociedad de consumo, no da a basto en sus producción y en sus ventas, por lo que, necesita nuevos clientes, nuevas billeteras, ya no le alcanza sólo con una billetera por familia, cuando puede tener, dos, tres, o cuatro.
Pero, el problema era claro, ya se había colocado a la mujer dentro de la casa a cuidar hijos, ahora, se la necesitaba sacar de ahí, ya la cantidad de hijos debía ser menor, porque la mano de obra baja, y pareciera que va a bajar más, entonces, hay que sacar a la mujer de todo eso, ya no puede sentirse bien siendo madre, no, la mujer debe sentirse molesta por ser madre, debe volver a valorar su independencia. Pero cómo hacer algo que se había marcado con la muerte, cómo amigarse con esos seres que se mató por hacer lo que ahora, queremos que haga.
Dejemos ver las partes de la historia que las enojarán, destruyamos al hombre, mostremos todos los errores del hombre como ser dominante de la tierra, hagamos una historia feminista donde antes había una machista, hagamos que sientan enojo retroactivo por cosas que nunca las había enojado.
Matemos a las mujeres de nuevo. Ahora necesitamos otro tipo de mujeres, libres, que no tengan hijos, que vuelvan a conectar con aquella mujer libre, pero, si queda alguna que se sienta cómoda en su papel femenino de ser madre, hagamos que sus propias iguales la hagan a un lado.
Se necesitan más ingresos por familia, es más, ya la familia no importa, porque si tenemos dos familias donde antes había una, mejor.
Con todo esto quiero decir que, matar a la mujer, siempre ha sido la historia del ser humano, la mujer, por poder espiritual, creo yo, está siempre manejando un mundo en el que el hombre no hace pie. Cada uno tiene sus característica, y pareciera, que la característica de la mujer, es la que haría elevar el mundo humano, quizás por eso hay que matarla. No como se la mató en otros tiempos, tan fisicamente, si no quizás, matar la fuerza femenina del mundo, la de la introspección, la del contacto con lo natural. Eso hay que matar, el hombre no puede dejar de ser la maquinaria para el sistema que se ha creado, que nos cambió las horas naturales de sueño, que nos dijo que aprender algunas cosas está muy bien, y otras, muy mal.
No, el hombre no se puede dar cuenta que el sistema mide por valores que no son humanos, que hacernos fieles a él, nos hace perder todos nuestros verdaderos valores como seres vivos. Y de eso, la energía femenina sabe mucho, la que han matado otras veces, la que molesta habitualmente, la que están haciendo que se auto elimine, negando su femeneidad.
No creo que sea tarde, pero hay que volver a ser mujeres, que les juro, poco tiene que ver, con lo que hoy, se promociona es, la verdadera mujer.
I.S.S.