EL CARNAVAL DE ANDALÚ Capítulo 16 Un hombre solo.
Un hombre se masturba en la soledad de su cuarto,
una o varias mujeres o varias en un sólo cuerpo, lo besan, lo tocan, lo
exprimen, se le suben, se dejan hasta que la tranquilidad del final lo inunda.
A continuación será fácil imaginarse, que ese hombre se sentirá culpable de lo
que hizo en plena soledad, sin dañar a nadie, sólo jugando con su cuerpo.
La masturbación, el pajerismo, es algo que degrada
al hombre, lo hace para los demás alguien tonto, inseguro, difícil que alguien
salga a pasear con amigos y comente la fabulosa masturbación a la que se acaba
de someter, aunque si cruza una mujer no dudará, si se da la ocasión de contar
cómo era acostarse con ella. No es para culparlo, la paja es degradante para el
hombre pero liberadora para la mujer. Incluso hasta existen informes
científicos que hablan de pérdida de inteligencia y hasta de años de vida por
las sucesivas pérdidas de semen a lo largo de su vida cosa que, en la mujer, la
eleva pues su semen es vida que explota dentro de su cuerpo.
Para el hombre la masturbación es señal de
estupidez, de bobería, porque debería coger siempre cuando quiera, es
preferible que una mujer le diga que no o peor aún, no negarse a ninguna antes
de arriesgarse a que le salgan pelos en las manos.
El sexo es algo malo que late en nuestro
inconsciente, no se sabe si es gracias a algunas religiones o si las religiones
se apoyaron en esos sentimientos para afianzar su poder, quizás ese sea uno de
los motivos por el cual la religión católica apostólica romana no permite a los
curas ejercer su masculinidad que igual, a vista de todos a esta altura, ya ha
sido ejercida. Eso es lo que podría concluir quien acaba su autosatisfacción,
el sexo que él acaba de practicar y por el que siente culpabilidad ha ganado y
seguirá ganando, más allá del escarnio al que ha sido sometido durante siglos, ahora,
en sus manos está la prueba de un triunfo más.
I:S:S:
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