YO FUI A VERLO CANTAR

Correr para llegar a ese momento, ese que estuve todo el día armando, ¿Qué digo día? Todo el año armando, al principio como un proyecto, y a partir del momento en que confirmé todo, empezar a imaginarme todos los momentos. Quizás eso no está del todo bien porque genero expectativas, pero bueno, tampoco me voy a prohibir algo que es imposible de hacer, imaginar.

Sé que voy a un lugar donde hay mucha gente, donde todos están en su propia efervescencia, algunos mal dormidos, otros cansados nomás, otros como yo, preparados para el momento, quiero decir, recién bañados, sin tomar nada, como si fuera a mi casamiento. Y si, me he casado con la música, me he casado con algunas expresiones populares, esas que tienen mayormente, zambas, chamamés y chacareras.

Ya estoy cerca, el festival es una locura, la gente está en su propio baile, yo, llego para el número anterior, no quise cansar mis oídos de antemano, eso ya lo hice, cuando la primera vez que lo escuché me llamó la atención, pese a que había avanzado bastante del festival y mi cuerpo, ya estaba cansado y tomado.

Recuerdo que si bien era conocido, yo no lo había visto en vivo, y eso para mí, en todos los artistas, tiene otro precio. Y esa noche me conquistó, completó todos los espacios de las exigencias que tenía para él, no le voy a pedir, el espíritu de un Cafrune sobre el escenario, no hay que hacerles trampas a los artistas, hay que medirlos con lo que ofrecen, y este artista, ofrece mucho y cumple con su lenguaje de principio a fin.

Su puesta en escena es normal, pero es llamativa dentro de esa normalidad, sus músicos salen todos como si recién se hubieran bañado, y arrancan, y arrancan, y seguirán arrancando como si todos los temas fueran el primero.

Son profesionales de la música y de la resistencia, y no lo hacen sólo una noche y después descansan una semana, todo lo contrario, lo hacen casi todas las noches y descansan una noche, si es que no están viajando a su futura actuación esa noche de descanso.

Llegué, al fin estaba ahí, quedarme parado en mi lugar iba a ser lo mejor, fui a observar, a sentir mi corazón en cada momento, todo el año pensando en esa noche, no se me iba a escapar un detalle. Si me ganaba la admiración eterna, tenía que ser en todos mis cabales.

Las guitarras marcaron el principio luego de que, al decir su nombre los presentadores, la gente hiciera ese escándalo tan histriónico como histérico, pero es una expresión que se la di por ganada gracias a todos sus años haciendo sentir a la gente, lo que yo esa noche, iba a confirmar, o no.

Las canciones empezaron a salir una tras otra, yo me había preparado para dos horas mínimas, que es lo que dura su espectáculo, y en los primeros diez minutos ya había hecho tres de sus canciones conocidas. Se ganó que mi pie, empezara a seguir el ritmo veloz de sus canciones, hace zambas como chacareras y chacareras como lo que sigue, pero salen bien, la versión de “cuando llora mi guitarra” demora dos minutos en el escenario, una canción reflexiva, que dice mucho, sobre el amor, la espera, la desilusión, que cualquier artista haría en cinco minutos por lo menos, cargada de sentimientos, en esos dos minutos, hace una pausa, hay punteos, todo lo que lleva la canción, pero él expone todo eso en dos minutos, la gente se levanta de sus asientos, las que aún quedan sentadas, y aplauden, chiflan, levantan carteles, yo, quiero criticarle esa velocidad, pero algo me detiene, como si un ángel me hablara, me explicara lo que no entiendo, lo que no veo, ¿no es acaso la vida un sinfín de emociones en un momento? ¿no es injusto con la vida detenerse tanto en las cosas que nos ponen mal? Está bien nombrar y sentir mis pesares, pero también es cierto que la vida es una fiesta de emociones sobre injusticias y valores perdidos, o valores que nos vienen bien a algunos y a otros no. ¿Entonces? ¿para qué tanta pausa? Me callo, le doy la razón, entiendo que es su forma de sentir, de vivir, entiendo que del lugar que él viene, mucho más que las idas y vueltas del amor y el desamor, está la valoración por la vida, la falta de agua, la dureza de un paisaje que sus antepasados eligieron para vivir, porque quizás, eso les permitía estar a salvo de muchos conquistadores. O quizás, fue de puro gusto, porque también ahí tienen todo, aunque los nuevos tiempos los hayan ignorados, y gracias a él, se han visibilizado.

Por eso el amor va y viene, es algo para disfrutar dentro de la vida, y si, claro que duele el desamor, pero cuando no se tiene agua para tomar en tu casa, cuando el río crece y no hay quién lo pare, cuando hay muchos animales en estado salvaje y la vida se juega a cada rato, el amor es un estado de gracia que a veces, viene con el desamor, y hasta eso es bienvenido.

Aplaudo, un poco tarde, pero entendí, y ya no critico más su velocidad. Mientras terminé de pensar todo eso, ya pasó una canción más, ya la gente está más acalorada, tomando más, haciendo palmas por todo, el primer subidón está en pleno apogeo, yo, decido que me ganó una sonrisa, y que la canción que viene vale un trago. Voy a la barra, hay muchos que me llevan varias bodegas de ventaja, llego a mirarlos como pobres locos, se están perdiendo el show.

Vuelvo a mi lugar con el vaso, pasan tres canciones, hay una dama que baila delante de mí, me ha sonreído al pasar, yo le he devuelto la sonrisa, creo que me estoy por anotar para bailar en algún momento, “noche calurosa” hace su introducción, yo no quiero bailar, no porque no me gusta, si no porque soy muy malo, me siento mal bailando, mi lugar es ese, parado, observando, me siento cómodo, soy un desastre para la expresión popular, lo reconozco. Me pongo un poco nervioso porque siento que no coincido con el ambiente bailable del lugar, voy a tomar un trago, pucha, ya se terminó, los vasos en los festivales cada vez son más chicos. Voy a la barra, el amigo de las bodegas me saluda medio sonriendo, creo que reconoce que, si bien estoy lejos de él, en mis ojos, el alcohol ya entra a vivir en mí. Lo saludo y me sonrío, es bueno este loco le digo, lo mejor, me dice él, casi no le entiendo, pero me vuelvo a sonreír, levanto mi vaso como brindando, y me vuelvo al lugar donde la chica baila sin pareja fija, eso me hace sentir que tengo chances, pero si no bailo, creo que sólo un milagro me lo permitiría.

Me ubico, vuelvo a sonreírle, casi con vergüenza, entiendo que no tiene motivos para acercarse, pero al final, el milagro ocurre, un trago frío parece ser el nexo, yo no puedo bailar, pero me encanta mirar a la gente que disfruta haciéndolo, eso me gustaría decirle, pero nada sale de mi boca, ella sigue bailando.

Pero vuelvo a lo que soy, les dije antes, soy un amante de la música, estoy casado con ella, con lo que genera, ninguna prometedora situación de amor, supera lo que en vivo, hacen los músicos sobre el escenario, más en este caso que fui, justamente a estar en alma y vida, con lo que ahí sucede.

Pasan cosas, canciones, invitados, estoy emocionado, en mis manos, el cuarto vaso ya está por terminarse y mis lágrimas más de una vez han decidido recorrer mi cara, soy así, me emociona cuando alguien canta, cuando alguien hecho público, grita y baila con lo que a mí me gusta, me gusta que ellos lo puedan expresar así, yo me callo, me voy adentro de mí, ahí tengo una fiesta, me estoy riendo, saltando, cantando, pero afuera, miro, sonrío.

Cuando avisa que todo se termina, recién caigo que hace dos horas y media estoy ahí, que lloré, me reí, canté, aplaudí, levanté los brazos, la miré a ella y volví siempre al escenario para confirmar mi verdadera pasión.

Sentir la música, nada más, eso me hace feliz, no sirve para nada, no voy a vivir de eso, porque tampoco se de música, sólo la siento para mí.

Es triste, así lo siento, pero vuelvo al pensamiento que me trajo el ángel, quizás la vida es demasiado peligrosa también para mí, como para entristecerme por no tener nada para vivir en este mundo haciendo lo que me emociona.

Las luces se apagaron, hay algo espiritual que aún sobrevuela y que muchos se llevarán para sus lugares, eso, eso es lo que hace que el artista el año que viene vuelva a estar en el escenario, y la mayoría volvamos también, como si de una misa de domingos se tratara.

No, en serio, no sé bailar, si querés enseñame mañana, pero me siento muy raro, disfruto mucho viendo, pero incomodísimo ahí dando vueltas y levantando las manos.
Si, puede ser, quizás si lo logro hacer contigo sería distinto, bueno, te acompaño, aún tengo para contarte mucho de lo que me pasó hoy, mientras te miraba bailar.


I.S.S.

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