¿La vida de las cucarachas vale más que la suya?

Para romper el hielo este año, quiero empezar hablando de mí. Porque me pongo a pensar, por qué decido quitarle tiempo de su vida compartiéndole mis letras, así como también, yo ocupo tiempo de mi vida para escribir cosas como estas. ¿Qué valor tiene lo mío? ¿Tanto me creo para compartir lo mío? Eso, querido lector, es el pensamiento base de todo artista. Hasta que punto es un capricho, hasta que punto una excusa, hasta que punto tiene sentido, si es que lo tiene.

Y de verdad que, para iniciar el año, creo que tengo algo bueno para compartir, un pensamiento que no cambiará el mundo, pero si valdrá la pena detenerse un poco, quiero decir, creo que después de esta lectura usted, no se habrá sentido en falta con su vida, porque además, de ella hablaremos.

Le propongo el ejercicio de pensar en algunas situaciones de su vida, recuerde cuando en algún momento usted se encontró con una cucaracha, una garrapata, un ratón, pongo esos ejemplos porque son ideales para el objetivo de la charla. ¿Qué hacen esos simpáticos animalitos? ¿Se ha puesto a pensar? Huyen ¿no? Ahora, ahora viene la parte mía de escritor y pensador, al santo botón muchas veces, pero con ganas de compartir.

¿Por qué huye la cucaracha? Usted me contestará que es para defenderse, si, puede ser, pero piense un poco más ¿tiene la cucaracha conciencia de algo que la haga huir de usted? ¿sabe la cucaracha de la muerte? ¿Y si supiera? ¿Le parece a la cucaracha, su vida, lo suficientemente buena, como para no entregarse a una muerte casi aliviadora? Sobre todo, si tenemos en cuenta que no conoce de perspectivas, de sueños y otras cosas que los humanos valoramos todo el tiempo ¿no?, al menos hasta lo que conozco al momento de escribir estas líneas.

¿Usted se da cuenta que seres muy básicos protegen su vida, sin conocer, árbol genealógico, misiones de vida, orgullos familiares, actividades para realizar, como pintar, cantar, escribir (y sí, es algo que las cucarachas se pierden), proyectar una familia, y todas esas cosas que históricamente, han hecho del Hombre, el ser vivo que más ha evolucionado en esta tierra?

Pero hay una diferencia, que también le propongo pensar, pese a que nosotros tenemos tanto avance desde lo mental, seguimos aún, sintiendo un amor por la muerte, que supera a los demás seres vivos. Porque si bien muchos seres vivos se pelean en momentos de reproducción, no arman estrategias, no matan a otros que nada tienen que ver con la pelea por reproducirse.

¿Cuánto nos alejó el cerebro de nuestra esencia como seres vivos? ¿Por qué no dejamos de ver enemigos de otros humanos, por motivos que muchas veces, nada tienen que ver con lo que realmente nos importa en nuestra vida?

La cucaracha sin tener perspectivas de su vida, la protege, la cucaracha, que no tiene, pareciera, muy marcados sus afectos, ni familiares, ni amigos, ni nada, se protege, mientras el humano, con tantas cosas para esperanzarse, va por la muerte de su igual, aunque también ponga en riesgo su propia vida.

¿Será que la esperanza no tiene tanto valor? ¿O será que por sentir en peligro el cumplimiento de esas esperanzas, sueños, proyectos, la excusa perfecta es poner directamente todo en un riesgo mucho más real que el que a veces, sólo ocurre en nuestras mentes?

¿Qué nos diferencia a los humanos con las cucarachas y otros seres con mucho menor coeficiente intelectual?

¿Será que cuanto menos coeficiente, más valor a la vida? ¿Será que la mente nos proyecta tantas cosas que nos hace sentir que la vida vale menos que todo eso?

No lo sé, sólo pienso, escribo y comparto, quiero abrir este año, pensando y mostrando mis dudas, ¿Vale la pena compartir? ¿Vale la pena sentirnos incómodos? ¿Solos? ¿Tan distintos a otros iguales a nosotros? Pero además, si justo esos que parecen tan distintos a nosotros, son los que deciden tantas situaciones que involucran a todos ¿vale la pena todo eso?

Digo, nada más, porque yo no voy a poder solucionarlo, soy como la cucaracha y llegado el momento, sólo podré correr por mi vida, si es que aún valiera la pena hacerlo.

En eso sí, creo que me diferenciaré siempre de esos otros seres, podré elegir si correr o quedarme quieto.  

Aunque la verdad, a esta altura, no sé si eso es bueno o malo.

 

I. S. S.

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